domingo, 15 de septiembre de 2013

VERANO 2013

Recordemos este verano como EL verano, el de la música, el de mis 17, el de las risas, el de las amistades... El verano de los Polifónicos y la Zomake Army.

La gente es la clave.

Desde el pepino y el gusanito en Cabopino con Fran y Gema, las charlas filosóficas de Grego, el próximo éxito de #PuteríoCarra con Helena, la gran simpatía de la gran María José, los puntazos de la abrazable María, las frikadas de Martín, lo que se hace querer Ale, mi compi de dúos Auro, los encantos de Aracceli y Sofi, mi cuñada pija Isa, el cabezón y mejor amigo de Lupi, mi adicción a leer a Miguel, Manolo y su amado clarinete, las ganas de Aranda de comerse el mundo, la facilidad de Manzanares para reírse y hacer reír...

Los Polifónicos
No tengo palabras para decir todo lo que ha significado este verano y toda esta gente para mí en apenas dos meses, por eso no tengo más que nombrar a la gente que ha estado en él y darle las gracias, de todo corazón, por haberme hecho reír hasta llorar, sentirme muy querida, regalado abrazos y mis sonrisas diarias...

Cierto es que esto sólo es el principio de grandes amistades y que aunque no nos vayamos a ver tanto como en verano, todos estaremos deseando cruzarnos con algún abrazo por los pasillos del conservatorio... Y todos sabemos que este año va a ser genial.

Y todo gracias a la Música...
Zomake Army





Muchísimas gracias a todos por todo.

Os quiero mucho.


Al final todo se acaba cuando empieza lo mejor, dijeron... Se equivocaron, lo mejor está por llegar.

martes, 20 de agosto de 2013

Pequeñas cosas

Las olas estaban a nuestros pies, las únicas luces de aquel once de agosto nos iluminaban desde el cielo, observándonos a no sé cuántos kilómetros de distancia... Y nosotros observándolas a ellas.
Las llamadas lágrimas de San Lorenzo nos habían llamado aquella noche. Cuatro amigos acudimos aquel día a la playa más perdida y alejada del pueblo, de madrugada, sólo para ver la famosa lluvia de estrellas de cada verano.
Nuestros ojos no desviaron la vista del cielo en las tres horas que estuvimos allí. La Luna le dejó el protagonismo a las estrellas, y aquella noche se escondió. Solo el cielo estrellado era precioso. No había ninguna luz artificial molestando. Podía apreciarse cada uno de aquellos puntitos luminosos que nos ofrecía el universo cada noche, y de repente... La primera. Una estrella fugaz atravesó el cielo, como si alguien hubiese encendido un foco de repente. Increíble. Nuestros diecisiete años no impidieron que nos quedáramos boquiabiertos. Se nos dibujaron sonrisas en las caras y nuestra ilusión acabó, por unos instantes, con el silencio que mantenía la playa. Qué cosa más tonta... Y a la vez tan grande. En aquellos momentos, nos sentimos muy insignificantes, pequeños... El cielo, el universo, es algo tan enorme y tan precioso... Qué rabia no saber astronomía.
Decidimos probar aquello de "Cuando veas una estrella fugaz, pide un deseo"... Y lo aplicamos a las ocho o nueve que vimos en toda la noche. Unos a largo plazo, otros más cercanos. La ilusión de retar aquellas leyendas, deseando, con todas nuestras ganas, que aquello fuese realidad.
La lluvia cesó durante unos momentos y, entre risas, nos vimos los cuatro cogidos de las manos, esperando  así que volviesen aquellas lágrimas que nos sacaban sonrisas... Y, de casualidad o no, volvieron.

Aquella noche fuimos felices. 

No necesitábamos nada más.

Fue tan fácil como coger las llaves, salir de casa con lo puesto e ir al sitio correcto con las personas correctas.

jueves, 8 de agosto de 2013

"...la vergüenza es un puto chiste"

Las manos de ella ya estaban colocadas en el piano, preparadas para el primer acorde. Suspiró, cerró los ojos, y se dejó caer sobre el piano.
-No puedo.
-Sí puedes.
Ella se incorporó, y se encontró con los ojos marrones de su compañero.
-No, David, no puedo...
-¿De cuántas maneras tengo que decírtelo? Sí, Clara, sí puedes -recalcó la penúltima palabra.
-¿No lo estás viendo? No he dado ni el primer acorde y ¡ya estoy nerviosa, me tiembla todo y las manos me sudan!
-¿Y qué? ¿No dices que confías tanto en mí? Demuéstramelo, ¡vamos! ¡No pasa nada si fallas!
-No...
-Sabes que yo antes era como tú, y ya te he dicho MIL veces que no hay que tener miedo al fracaso ni al ridículo, que eso no existe... Es tu mente la que te hace creer eso.
-¡Lo sé! ¡Y no sé cómo quitarme eso!
Apoyó sus codos sobre el piano, y el sonido de las teclas pulsadas al azar resonó en toda la habitación.
David se levantó del sofá y se acercó a ella.
-Hazme un lado.
Clara se sentó en el extremo izquierdo de la banqueta del piano, dejándole a David el derecho. David hizo que sus miradas se encontraran, y observó los ojos verdes de su amiga, casi empapados. Le echó el brazo por los hombros.
-Puedes, y lo sabes. Tienes que creértelo. Si no nos lo creemos nosotros, ¿quién nos va a creer?
-Hay algo dentro de mí... que me echa para atrás.
-Lo sé, sé cómo te sientes. Piénsalo de otra manera... Tocamos porque nos gusta, porque disfrutamos con ello... ¿Por qué tocar tiene que convertirse en un miedo? ¿Miedo a fallar? Siempre lo podemos hacer mejor, estamos continuamente fallando. No podemos temer hacer algo que nos gusta por miedo a fallar. Es... absurdo.
-David, no sé hacer música...
-¡Ni yo tampoco! La Música es algo TAN grande y TAN difícil que para empezar a hacerla de verdad, hay que tocar y fallar. Tienes que cagarla, liarla... Y hoy lo vas a hacer, delante mía.
Una lágrima cayó en un si bemol. Clara la limpió rápidamente con su mano izquierda.
-Que tocar en público no sea algo con lo que se pase mal, sino un motivo más por el que sonreír -dijo ella.
David se levantó y dejó que Clara se acomodara en la banqueta. Posó las manos sobre el piano, buscando los primeros acordes de la obra más bonita que había tocado nunca. Cerró los ojos y sus manos temblorosas empezaron a moverse con agilidad sobre el piano.
Él sonrió desde el sofá, escuchando a su amiga. Se alegraba por ella, por fin estaba enfrentándose a sus miedos.
Ella se sonrojó desde el piano, y siguió tocando. Se alegraba de tener a David a su lado. Aquel pequeño concierto sólo era el principio para acabar con su timidez.
Cuando terminó de tocar, Clara corrió hacia David, buscando un abrazo. Su amigo la levantó del suelo, abrazándola con fuerza.
-¿Ves? Puedes.
-Me he equivocado mucho... Por culpa de los nervios.
-¿Y qué pasa? Sólo te he escuchado yo y no me he reído, ni te he pegado, ni nada. Está todo como antes. Está todo bien. Tienes que coger confianza en ti misma y dejar las inseguridades a un lado. Es la clave.
-Eso es muy fácil decirlo...
-Clara, mírame. 
Ella levantó la cabeza y dirigió su mirada hacia la de él:
- Cierra 
los ojos 
y... 
al vuelo. 

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La mayoría de las frases no son mías, son de músicos del conservatorio que las han soltado por grupos de WhatsApp que, en mi opinión, no deberían quedarse sólo en los móviles. Gracias a Martín, María y Grego por prestarme sus frases e inspirarme en esta historia :)

Miedo escénico no rules.

martes, 23 de julio de 2013

"La ilusión del primer día"

El calor nos dejó cuando entramos a la tienda. Mis ojos recorrieron el establecimiento, observando todos y cada uno de los objetos que había. Aquellas tiendas siempre me habían gustado. Mi madre fue directa al mostrador, y preguntó a un dependiente con barba por lo que estábamos buscando. El dependiente con barba me miró a la cara y me sonrió. Dulcemente, me pidió que le enseñara mi mano. Yo, sin saber muy bien para qué, hice caso y posé mi pequeña mano sobre el mostrador, dejándola extendida. El dependiente me volvió a sonreír antes de ausentarse. A la vuelta, trajo consigo un estuche en el que se podía leer Yamaha. Y lo abrió. Brillaba. Mientras nos explicaba a mi madre y a mí por qué era necesario ver mi mano, observé todas aquellas llaves y mecanismos que todavía no entendía, pero que dentro de poco haría. El dependiente con barba cerró el estuche, y antes de marcharnos, me aconsejó con otra sonrisa que la disfrutara. Salimos de allí con mi sonrisa, mi ilusión y mis ganas de aprender dentro de aquel estuche.

Pasaron los días, y todavía no sabía como funcionaba lo que había en aquel estuche... Hasta que probé. Después de varios intentos y sin ayuda de nadie, sonó. Y en mi primer día de clase de flauta, una sonrisa invadió mi cara cuando la profesora me pilló.

martes, 9 de julio de 2013

Siempre es culpa de la música (I)

Era la primera vez que llevaba a su hermana pequeña al conservatorio. Quería que ella también formase parte de aquel mundo. Si no lo hacía, sabía que se arrepentiría. Ya había hecho la prueba y ella no estaba del todo convencida... Le faltaba el empujoncito de aquella tarde.
Cogidos de la mano, llegaron al hall, donde estaba el chelo que tantas ganas tenía de ver.
-¡Dani, Dani! ¡Mira, el violonchelo del que tanto hablas!
Marina se soltó de la mano de su hermano y corrió hacia la estatua del niño tocando el chelo. Tanto hablar de aquella estatua, que la niña no podía imaginarse que podía ser real... Tenía una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Qué guay, Dani! Pero, ¡mira! ¡Es casi tres veces más grande que yo! -colocó sus dos manos en sus mejillas, con la boca abierta, poniendo cara de, como ella llamaba, "¿en seeeeeerio?"
Dani esbozó una media sonrisa y se acercó a la pequeña para cogerla de la mano otra vez.
-Venga, enana, que te sigo enseñando el conservatorio.
La llevó a la cafetería, donde se quedó sorprendida del colegueo que tenía su hermano con los de allí y con todo el que pasaba; también la llevó al salón de actos, que estaba vacío y Marina aprovechó para corretear entre el patio de butacas y subir y bajar al escenario no sé cuántas veces.
-¡Marina, para! Que como nos pille la conserje, nos cruje... -dijo susurrando.
La pequeña empezó a reírse y se tapó la boca para que no se le escuchara... Estaba preciosa. Esos ojos negros... Podían con él. Se llevaban casi diez años, pero con la sonrisa de ella, él dormía tranquilo. Era feliz viéndola feliz. La quería demasiado. Era su enana.
Siguieron su tour por el conservatorio cogidos de la mano, y todos los que se paraban a saludar a Dani, piropeaban a Marina y a ésta se le sonrojaban las mejillas...  
Plantas y más plantas, pasillos, clases y más clases... Aquello le parecía enorme, y escuchar cada instrumento por cada clase que pasaban a ella le encantaba. Sólo había que fijarse en su mirada, en su sonrisa y en cómo ponía el oído para escuchar la melodía de cada instrumento. A su hermana la gustaba la música tanto como a él, sólo que ella todavía no lo sabía.
Volvieron al hall, y se sentaron en un banco, delante del chelo que tanto le había gustado.
-¿Qué instrumento es ese? -dijo Marina, señalando a un chaval que llevaba el estuche del clarinete en la mano.
-¿El de allí? Un clarinete.
-Pero, ¿un clarinete no es más grande que eso?
Dani sonrió.
-Sí... Pero la mayoría de los instrumentos de viento tienen diferentes partes, se montan y se desmontan. Eso ya lo sabías.
-¡HA-LA! Y, ¿aquel niño de allí?
-¿No sabes qué instrumento es ese? Es un violín. ¿No ves que tiene la forma?
-Es verdad... Y aquella niña toca la guitarra, ¿verdad? Y, ¿aquel de allí? El que está al lado de la puerta.
-Eso es una flauta travesera. Y, mira... El de allí tiene un saxo soprano.
-¿Un saxo soprano? El tuyo entonces... ¿Cuál es?
-El alto. Un saxo soprano es como...
-Y, ¿aquella chica de allí? La morena -cortó su hermana.
Dani dirigió la mirada hacia donde señalaba Marina, y se le paró el corazón por un segundo. La morena se giró, sonrió a Dani, le guiñó un ojo y siguió con su conversación.
-La morena... Lo que lleva en esa funda es el arco del contrabajo.
-Eso es más grande que un violonchelo, ¿no?
No le contestó. No podía dejar de mirar a la contrabajista. Ella no dejaba de echarse el pelo hacia atrás... Y eso lo volvía loco.
-¡Dani! ¿Qué te pasa? ¿La conoces?
Sonrió. Bastante y, sin que la escuchase su hermana, susurró:
-La morena está tan enamorada de mí como yo de ella...

miércoles, 26 de junio de 2013

MÚSICA

Llevo 17 años metida en la música y 7 en un conservatorio por el que he pasado muchísimas cosas, tanto buenas como malas... Aunque, como muchos sabéis, la música puede con los agobios que supone llevar una doble vida de músico y nos hace seguir hacia delante.

Llevo 17 años pensando que la música es algo imprescindible para vivir y 7 pensando que la vida te cambia cuando coges por primera vez el instrumento que te va a acompañar durante unos cuantos años de tu vida.

Llevo 17 años pensando que la música es algo genial, y que cada año que pasa me gusta más. A mí, y a todos los músicos de mi alrededor.

Llevo 7 años metida en un conservatorio porque me encanta y porque ir dos veces en semana, aunque los muggles podáis pensar lo contrario, nos aleja de la realidad.

Llevo 7 años metida en un conservatorio y, no sé qué habría sido de mi vida si no lo hubiese pisado en esos 7 años... Y eso son cosas que sólo los músicos podemos comprender y que no cambiaríamos por nada del mundo.

Y, ¿a qué viene todo esto? Viene a que mi tercero de grado profesional de flauta ha sido uno de los mejores años. He aprendido muchísimo y he conocido a muchísima gente que merece la pena.

Los músicos somos aquellos que sólo con un 'hola' y 'adiós', a la próxima vez que nos vemos somos capaces de estar hablando como si nos conociésemos desde siempre, esos que después de tocar y gritar 'Zomake' en un escenario invitan a cenar a los que no hemos tocado... Y sin haberles visto la cara nunca. Los músicos somos... Somos músicos, y todo esto y mucho más nos diferencia del resto. GRACIAS a todos por ser tan geniales.

Creo que después del conciertazo de ayer de bandas del Carra, de la cena con músicos y de la post-cena con los mismos músicos... Sólo tengo ganas de empezar el curso en serio, con ganas de aprender, con un cambio de actitud y dispuesta a que la música no se quede en una simple afición.

Llevo una semana dando viajes a Málaga casi todos los días entre clases, el concierto de Composición, el concierto de orquesta y el concierto de banda... Y, joder, me encanta. Llego a dos conclusiones: una, el año que viene banda si o sí, y dos, quiero vivir en un conservatorio.


Qué os voy a contar a vosotros, si los que leáis esto sabréis de sobra lo que es la música y el conservatorio. Intento expresarlo con palabras, pero todos sabemos que la música sólo se expresa tocando.

lunes, 29 de abril de 2013

Málaga siempre va a estar aquí

El reflejo de la luna sobre el mar era la imagen de aquella noche y, el sonido de las olas, su banda sonora. La película olía a mar y a verano.
Ninguno de los dos necesitaba luz en la terraza. Eran altas horas de la madrugada de un día de agosto y una luz lo estropearía todo, con la luz de la luna les bastaba. Llevaban horas y horas solos, riendo a carcajadas y disfrutando de la compañía del otro. No necesitaban a nadie más. Hasta que las risas cesaron y ambos callaron.
-¿Qué crees que será de nosotros en un par de años? -dijo la dulce voz de la chica.
-¿Que qué creo que será de nosotros en un par de años? -repitió el chico.
-Sí. ¿Nunca te lo has planteado?
-La verdad es que no. Ya sabes, me limito a disfrutar el día a día... Y no el mañana de ayer.
La chica esbozó una sonrisa en la oscuridad.
-Lo sé, y eso me encanta. Pues yo sí lo pienso mucho, y... no veo nada -el chico esperó a que continuase-. Tenemos diecisiete años y, sinceramente, mi vida de ahora me encanta: mi gente, mi música, mis libros, mis viajes...
-Sé por donde vas.
-Nos pasamos el día planeando nuestro futuro sin darnos cuenta de que lo que tenemos que vivir es el presente.
-Esa eres tú, y lo sabes. Nos queda año y pico para cambiar de ciudad, de gente, de música, de libros... Cambiar de aires. Y te da miedo que al cambiar de aires, pierdas todo lo que tienes hoy.
La chica calló por un momento, pensando sobre lo que acababa de decir su mejor amigo.
-Málaga siempre va a estar aquí, enana, no se la van a llevar.
-Y, ¿su gente?
-Los malagueños seguiremos siendo igual de malagueños que tú.
-Me refiero a mi gente.
-Yo también. Todas esas personas a las que les has llegado, aunque sea un poquito, seguirán ahí... Porque les importas. Es verdad que echarás de menos y te echaremos de menos, pero, ¿has pensado lo que te espera por allí?
-Hay muchos a los que merece la pena conocer y todavía no conocemos.
-Tú lo has dicho. Quítate esos miedos ya. Sólo hacen que pienses más sobre el futuro, dejes de lado el presente y no lo disfrutes tanto como quieres... Porque aunque digas que el presente es el futuro, no lo es.
El chico se levantó de la silla e hizo que ella se levantara también. La chica le pidió con la mirada un abrazo y, él, entendiéndola a la perfección, se lo dio. Los dos echarían de menos esos abrazos.
-Vámonos a dormir ya, que mañana hay banda...



lunes, 1 de abril de 2013

Música con olor a incienso

Domingo de Ramos. 16:00. Palacio de Beniel.

Instrumentos y músicos afinados, banda formada y... Tambores. Acababa de comenzar la semana que todos llevábamos esperando todo el año. Acababa de empezar la Semana Santa 2013. Siempre con muchísimas ganas.

Las primeras notas de Encarnación Coronada, llevar el paso y el olor a incienso me hicieron sonreír y me di cuenta de que todo esto me hacía más ilusión de lo que había imaginado... Y que Vélez así tiene un encanto especial que no había sabido apreciar antes.

Me es imposible contar cada salida, porque podría escribir párrafos y párrafos de cada una... Pero sí que hay que recordar ciertos momentos y fijarse en los pequeños detalles...

La lluvia nos acompañó el primer día durante el principio del trayecto. Gotas sin importancia empezaban a caer en las partituras, pero aumentaron hasta que nos vimos todos los músicos refugiándonos bajo paraguas y balcones. Pero la procesión tenía que continuar. Horquilleros en su sitio, músicos formados, tambores, platos y... A tocar bajo la lluvia, sonando igual de bien que siempre. Increíble.

La Virgen y el Cristo ya se habían encontrado, el solo de flautín de Reina de Triana ese Miércoles Santo y el de saxo y clarinete de La Madrugá ese Jueves Santo hicieron que aquellos encierros fuesen más mágicos de lo que ya estaban siendo...

Todos esperábamos aquel encierro del Viernes Santo en el que íbamos a tocar con la otra banda amiga que llevaba al Cristo... Y justo en el momento en el que se encuentran, empezó a llover y a aparecer la tristeza en las caras de la gente. Ambos tronos se encerraron muy rápido, tanto que no dio tiempo a tocar ni el himno, ni mucho menos tocar Una mañana de amor con la banda amiga, que era lo que más ilusión me hacía...

Podría decir que acabamos la Semana Santa como músicos de banda con mal sabor de boca por terminar el Viernes Santos empapados, pero sólo escuchábamos críticas buenísimas sobre la BMG... Y esto superaba a todo. Porque es que la banda sonó genial durante toda la semana, y esto lo digo objetivamente.

Tampoco puedo olvidarme de aquel abrazo que me crujió el cuello, del traslado desde San Francisco hasta el Palacio de Beniel pasando por Tribuna (qué lógico todo), de los intentos de respiración circular, del director vacilándonos con el flautín, del intento de afinar con el instrumento de otra (sin éxito), de mirar hacia atrás y ver a los tronos callejeando detrás nuestra, de Pescador de Hombres, del director diciéndonos prácticamente al oído "cuidado con la afinación...", de los perros asustados en los balcones...

Me lo he pasado esta semana... genial, pero con una sensación de que no voy a vivir ninguna Semana Santa más como esta y que ninguna la superará... Y es una sensación muy fea que quiero y espero que la Semana Santa 2014 me la quite.

Por último, dar las gracias a TODOS los que han estado por allí, desde los mismos músicos de la banda hasta los que os habéis acercado a cuidarnos... Todo forma parte de este mundillo. Gracias. 

Viernes Santo. 01:00. Plaza de la Constitución.

martes, 26 de marzo de 2013

Desde luego, no es un juego

Aquel día iba a morir alguien.

Apretar el gatillo, y todo terminaría. Estaba harta, quería acabar con esto de una vez por todas... Y no había otra manera.
-No merece la pena -escuchó una voz tranquilizadora a sus espaldas.
Se levantó de la roca en la que estaba sentada, bajó la pistola y miró a la persona que estaba delante de ella: una mujer joven, de unos treinta años, en una silla de ruedas, acompañada de un chaval que parecía llevarla a todas partes.
-¿Quién... quién eres?
-Bah, eso es lo de menos. Lo más importante, y lo más inquietante, es qué haces con una pistola, sola y en mitad del campo. Al lado de esto, mi nombre no tiene la menor importancia.
-Mira, déjame en paz -dijo, muy seca.
-Deduzco que tu vida va regular, seguramente para ti fatal, y has decidido quitarle la pistola a tu padre para quitarte la vida a ti misma.
No sabía quién era aquella mujercilla pero, desde luego, había dado en el clavo. Se acercó a ella.
-¿Cómo lo sabes?
Ella se encogió de hombros.
-Te lo he dicho: lo he deducido. Cuéntame por qué le has quitado esa pistola a quien sea, seguramente no nos volvamos a ver en la vida... No se lo contaré a nadie.
¿Contarle su historia a una desconocida? Aunque tenía razón, no se iban a volver a ver, quizás no sería una mala idea desahogarse antes del asunto. Aún así, no se fiaba ni un pelo.
-No. Delante de él no -dijo, señalando al chaval que la acompañaba-. Además, si quieres que te la cuente, primero tendrás que contarme tú la tuya... Quiero decir, por qué estás en una silla de ruedas, por ejemplo.
-Es sordo, puedes hablar tranquilamente -dijo, refiriéndose al chaval-. Entiendo que no te fíes de mí. Así que, si quieres, te contaré yo la mía primero, aunque es bastante sencilla y rápida de contar: accidente de coche a los doce años. Soy parapléjica desde aquel día. Él es mi hermano, es sordo desde que nació y no se despega de mí desde el accidente. Me lo hace todo: me hace la comida, me viste, me ducha... Y, bueno, él pasa más tiempo conmigo porque vivimos juntos, y más o menos nos las apañamos, pero necesitamos que venga un familiar todos los días a ayudarnos. Independencia cero, dependencia toda. Una historia bastante... Interesante, diría yo. Ahora cuéntame la razón del porqué de una pistola y tú.
La chica se quedó bastante impresionada, sin saber muy bien qué decir.
-Bueno... Hace un tiempo empecé a suspender exámenes, me peleé con mis padres, me presentaron a unos que tenían muy buen rollo... Y, entre una cosa y otra, terminé metida en las drogas. De hecho, todavía no he podido dejarlas, me es imposible. Mis padres no hacen más que decirme que vaya a un sitio de esos de desintoxicación, pero yo no quiero, porque son para los enganchados, y yo no estoy tan enganchada como ellos piensan...
-Y allá que vas tú y coges la pistola. Sí, señora, pensando con la cabeza -se quedó callada un momento-. Estarás bastante enganchada si no consigues dejarlas. Ve a un sitio de esos, tienes a una familia apoyándote y ayudándote a que salgas de ahí... No estás sola. Que si quieres, puedes. Ve a por ello.
En realidad, esta mujer tenía razón por segunda vez. Parecía haberla animado un poco. Le dijo algo a su hermano en el lenguaje de los signos y él, sin más que añadir, se fue.
-Te queda el consuelo de que lo tuyo tiene arreglo... Y lo mío no. La vida es lo más grande, no tienes por qué perderla de esta manera cuando esos problemas tienen más de una solución. Todo lo contrario, la vida está para vivirla a tope.
Estiró el brazo con la mano abierta, dispuesta a que le diese la pistola. Poco a poco se la fue acercando, hasta que, finalmente, se la dio. La chica se dio la vuelta y se tapó los ojos con las manos, preguntándose si funcionaría lo de la desintoxicación, si había hecho bien contándole su historia a una desconocida...
Lo último que dijo aquella mujercilla fue:
-Todavía estás a tiempo. Ánimo.

Bum.

Aquel día murió alguien.

(ABRIL 2011)

domingo, 17 de marzo de 2013

Acostúmbrate

-Nos estamos acostumbrando.
-No veo el problema.
-Yo sí.
-¿Cuál es?
-Decir algo que el otro no quiera escuchar.
-Miras la parte negativa, ¿me equivoco?
-La sinceridad puede ser peligrosa.
-Con las amistades no.
-El otro se puede molestar.
-Entonces no será tan amigo tuyo.
-Puede ser. Hay cosas que duelen...
-Dicen que la verdad duele, pero que ayuda.
-Supongo que sí.
-Nos estamos acostumbrando.
-Eso ya lo he dicho yo.
-Miro la parte positiva.
-¿Te refieres a...?
-A decir te quieros a la cara y demostrar que así lo sientes.
-Ya he aprendido a no callármelos.
-Si lo sientes... Dilo.
-Te quiero.
-Dame un abrazo.

martes, 12 de marzo de 2013

Historia de una flautista que se hace amiga de una clarinetista

(Título muy largo, ya lo sé)

Eeeesta es la historia de una flautista (más o menos), que sin saber muy bien cómo, después de seis años y pico de conservatorio, acaba en una banda con gente que no ha pisado un conservatorio un su vida (aunque eso es lo de menos) y se hace amiga de una clarinetista bastante rápido.

El caso es que la flautista llegó entendiendo sólo de flauta y sólo conocía a una persona. Y, como todo al principio, la flautista se aburría los primeros meses, no conocía a todos muy bien y a veces se encontraba hasta incómoda... Pero eso se le fue pasando poco a poco. Después de su primera Semana Santa como novata, empezó a gustarle más aquello. Y empezó a conocer gente, a coger confianza, a coger instrumentos diferentes...

Y, así resumiendo y pasando los meses rápido, nos plantamos en verano. Esas salidas a las nueve de la mañana a pueblos perdíos, que los componentes de la banda son más que los habitantes del pueblo... Pues bien, la flautista ya está en su salsa y quiere coger un clarinete  en un pueblo perdío de estos y saber si a ella le sonará el clarinete o hará la gilipollas dejándose los pulmones y sin sacar sonido alguno. Creo que pasó lo segundo. Este dato creo que no tiene nada que ver con la historia. Sigo.

A finales de verano, cuando la banda ya formaba parte de la vida de la flautista y ya tenía amigos, se encuentra con que la invitan a la playa con más músicos... "Jé, yo sola no voy", pensó. Que sí, que tenía amigos allí y eso, pero si no va alguien con más confianza... No te apetece tanto. Entonces, la flautista llama a la clarinetista, a la que le dejaba su clarinete y deciden que sí, que van. Y van.

Y si no me equivoco, fue a partir de ahí cuando la flautista y aquella clarinetista empezaron a hacerse amigas y a coger confianzas... Porque no se quedó en un simple día de playa, no. Después la banda las sacó del pueblo y las llevó a Cabopino a hacer surf. Y entonces vuelve a suceder... "¿VAAAS? O vamos las dos o no vamos ninguna... Vamos, ¿no?". Vamos, vamos... Y venga autobús, comida, playa, surf, agua, tragar agua, culetazos en la arena, trajes de neopreno que no cierran, abrir puertas con los pies, babear con cierto monitor... Eh, que esto va en serio. Aquellas dos se juntaban y se lo pasaban demasiado bien, se estaban haciendo amigas.

Y, efectivamente, la flautista y la clarinetista, cada una en su pueblo, empiezan su primero de bachillerato y empiezan a hacerse Amigas (nótese la A mayúscula). Sin saber muy bien cómo ni cuándo, empezaron a llevarse mejor todavía, a hablar más, a coger aún más confianza, a quedar, a intentar que la clarinetista baile en la cabalgata de reyes... Y a emocionarse en conciertos. Juntas. Y eso ya es serio. 

Las dos, detrás del escenario, esperando que les tocase tocar a su banda y escuchando a las otras dos bandas tocar... Se emocionan. Las dos alucinando con las otras dos bandas y mirando a la otra como diciendo... "¿Estás flipando tanto como yo?". Y eso justo un día después de pasar tres días las dos metidas en una casa de campo llorando de la risa... Y se van a echar de menos.

Y es que yo lo pienso y digo... Según la clarinetista, la flautista ha conseguido ganarse la confianza de la clarinetista más rápido de lo normal. Y con eso ella flipa. Porque es que la clarinetista es una pedazo de amiga, que en su escala de amigos, se ha puesto a la altura de los que estaban antes. Que sí, que le importas un montón, y que sonrías también le importa. Que te quiere un montón, mucho.

Así que ya sabes... Más conciertos, ensayos, salidas, playa, surf, fiestas juntas. Que esto parece que va en serio. Ahora háblame por el wasá y dime que te ha gustao.

Y todo esto de sábado en sábado...

martes, 5 de marzo de 2013

17

Llegan las 00:00 del cinco de marzo de dos mil trece. Y con una sensación de déjà vu, las interacciones en Twitter empiezan a aumentar, los comentarios en Tuenti a multiplicarse y el Whatsapp no para de sonar... Pero el chat del Tuenti abierto, esperando que llegasen las 00:00 para felicitar al mismo que cumple el mismo día que yo, ese que desde hace año y medio es mi mejor amigo.

Y entonces empiezo a leer. Y a sonreír. A sonreír mucho.

Es verdad que la gente a veces felicita por educación y tal, pero siempre están aquellas personas a las que les he llegado un poquito más y se lo curran. Unos más que otros, pero se lo curran.

Veeeenga retuitear, poner en favoritos, hacer pantallazos... Y es que, aunque si no existieran ni se molestarían en felicitarme, las redes sociales en los cumpleaños molan un montón.

Porque las personas más cercanas a ti están ahí las primeras felicitándote y diciéndote cuánto te quieren, que cumplas muchos más y yo los vea...

Y abrazos y besos en el instituto, conocidos felicitándome, mejores amigos felicitándome, profesores felicitándome, familia felicitándome... Seré yo, pero es que a mí esto me encanta, porque ná más que hago recibir abrazos.

Es que no tengo palabras. Ha habido ciertas felicitaciones que me han encantado, que no me las esperaba para nada y es que, cuando la gente cumple años, nos da por sacar todos los sentimientos que tenemos dentro y contárselos al cumpleañero, sólo por sacarle una sonrisa y que tenga un día lleno de alegrías y buen rollo... 

Y así me siento yo, que nadie me ha podido fastidiar mi cumple, que las felicitaciones de ciertas personas me han llegado un montón, que me he pasado el día sonriendo a pesar de haber estado estudiando...

Que esto que escribo me está saliendo solo, sin pensar en cómo redactarlo, porque me siento TAN... No sé. Que soy la primera que quiere pasar desapercibida, pero todos necesitamos ser el protagonista al menos una vez al año.

Muchísimas gracias a todos por las felicitaciones y los regalos. Que esta pelirroja se va a dormir con una gran sonrisa...


miércoles, 27 de febrero de 2013

Tres días y nueve amigos

Una casa de campo. Tres días. Nueve amigos.

Amigos míos. Algunos se conocían de toda la vida, otros sólo de un hola y adiós y otros no se habían visto en la vida.

Llegar a las seis de la tarde, instalarnos, abrir las ventanas, subir las persianas, dar la luz, encender la chimenea... Y, sin apenas darnos cuenta, ya estábamos los nueve abajo al lado del futbolín y de las cartas, con la música a tope, olvidándonos del resto del mundo. En una noche ya parecíamos ser amigos de toda la vida.

Entre regalos adelantados, cartas, piques sanos, risas... La sonrisa puesta los tres días.

Ahora no me sale muy bien expresar todo lo que fue aquello, pero simplemente me encantó estar tres días allí metida, sin mirar ni el reloj ni el móvil, comiendo hasta que anocheciera, picarnos al futbolín horas y horas, jugar a las cartas más horas todavía, acabar hartos de las cartas a las cuatro de la mañana y decir todo el rato "Vámonos a dormir" y que nadie se moviese de allí, soltar una tontería detrás de otra, terminar llorando de la risa a las siete de la mañana... 

Me encantó estar allí pasándolo en grande y viendo cómo los demás también lo pasaban en grande. Porque además es que se veía. Todo el mundo riendo, ni una cara seria. 

Agradezco un montón la ayuda de todos y que me dieran las gracias por todo uno por uno... La sensación de que todo ha salido bien y de que todos se lo han pasado genial es una sensación que me alivia... Y una sensación que hace que me den ganas de organizar más cosas como esta.

Tenía pensado hacer una entrada más... "seria", pero es que no me sale. Hay cosas que es mejor contarlas en persona. Y esta es una de ellas.

Sólo me queda decir una cosa. Que muchísimas gracias a esas ocho personas por portarse tan bien y por colaborar en todo, que me he reído mucho y que me lo he pasado genial. Muchísimas gracias por todo, gente.

Que me alegro un montón que os lo hayáis pasado tan bien como yo y os hayáis llevado tan bien entre vosotros.

Repetiremos.

"Oye, gente, que son las siete de la mañana y está amaneciendo. Vamos a dormir ya, ¿no?"

lunes, 18 de febrero de 2013

Pase lo que pase, desconecta.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es desconectar del mundo. 

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es apagar el móvil.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es gritar.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es soltar todo lo que llevas dentro.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es poner la música a tope.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es perderte con tus perros.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es llevarte a la playa a un amigo y hablar y reír durante horas.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es dormir.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es olvidarte de las preocupaciones que no te dejan respirar.

Cuando a veces lo mejor que puedes hacer es cerrar los ojos, parar por un momento y recordar tu objetivo. Y coger fuerza. 

Si otros pudieron... ¿Por qué nosotros no?


... pero antes, desconecta.





lunes, 11 de febrero de 2013

Reír hasta llorar... de la risa

Hay mucha gente que merece la pena.

La mayoría ni los conozco tan bien como quisiera... Pero es que se ve a kilómetros que merece la pena hacerlo. Y cuando los conoces un poquito más, piensas...: "Tío...¡molas!"

Mis alrededores están llenos de gente que me encanta y, aunque unos sean más amigos que otros, me los paso bien con ellos y, lo más importante,... Están ahí. Y cada día me doy más cuenta de ello y lo valoro más.

Con cada uno de ellos tengo o he tenido alguna tontería de esas que siempre recuerdas... Llamarnos frikis entre nosotras, intercambiarnos reliquias y sinsajos, recibir un gorrito de Papá Noel en la cabalgata de Reyes, regalarnos abrazos, apostar tonterías, comernos bocadillos a las doce de la noche a escondidas en Madrid, cantar canciones de LOVG en el salón, ganar al Singstar poniendo voz de pitufo, defender las letras antes que nada, hacer pulseritas para llevar las dos la misma, intentar abrir una puerta con los pies, acostumbrarme a que me saluden tocándome al pelo, ser la chica del pañuelo azul para algunos del conservatorio, hacerme pasar por la hija guiri de mi profe de inglés, hablar como Rajoy en clases de flauta con la profesora, entendernos con la mirada y echarnos a reír como primas, esperarnos hasta las tres de la mañana en Málaga para esperar a cierto famoso, cantar a cuatro voces por la calle, discutir sobre qué instrumento es más difícil, quedarnos hasta las doce de la noche en casa ajena hablando con dos alemanas en inglés, convencernos de que la lluvia es psicológica, aguantar la bipolaridad de aquella profe de orquesta, acojonarnos cada vez que pregunta la nueva, estudiar en alternativa el examen de historia, rebelarnos contra aquella profesora, pasar horas y horas delante del ordenador sonriendo, ir al Costa Coffe cada vez que salíamos de la residencia, encontrarnos sin querer en un pueblo de Inglaterra, escuchar cómo me cantan al oído Cuando me vaya, recibir apoyo y ánimo para que siga escribiendo, hablar como si nos conociésemos de toda la vida, meternos en Madrid un 18 de febrero, abrazar y dejarnos abrazar por David Otero...

Y un montón de cosas que me dejo, pa variar. Es imposible recordar todo lo que he pasado con mucha gente, pero es que... Hay que recordar que estuvieron, que muchas siguen ahí y no se van a ir.

Si me he cruzado con toda esta gente, sólo me sale decir lo que dice Amaral...

Es el destino quien nos lleva y nos guía.


Y toda esta gente... merece la pena.

sábado, 2 de febrero de 2013

Sin miedo a nada

La profesora dio la entrada. Un, dos, tres, y...

Silencio. 

La silla del concertino estaba vacía. 

La profesora se quedó mirando a la única violín primero que había ese día en clase. Necesitábamos estudiar esa parte con la orquesta. Tenía que hacerlo ella. El solo era suyo. 

La profesora le sonrió y le aseguró con la mirada que todo iba a salir bien. A ella ya le temblaban los dedos, y el arco parecía pesar más de lo normal. Nunca antes había tocado delante de tantos músicos, y el hecho de pensar que podría fallar o desafinar una nota... Hacía que los dedos le temblasen más. La timidez le podía, y la profesora lo sabía.

Le dedicó otra sonrisa, y alzó las manos para darles la entrada a la orquesta y a la nueva solista. La chica respiró hondo, cerró los ojos y asintió. Estaba preparada.

Un, dos, tres, y...

La violinista se lanzó, y nos sorprendió a más de uno. Los nervios hicieron que desafinara alguna que otra nota, pero a nadie le importó. La chica había estudiado esa parte y todos lo notamos. Más de uno, los que tampoco queríamos hacer nunca un solo, la envidiamos. Cuando terminó, la profesora paró la orquesta y aplaudió y felicitó a la chica, valorando el esfuerzo que acababa de hacer. Apuntó que tenía que estudiarlo más y, en general, hacer más solos, que la timidez y esas mejillas sonrojadas se le irían quitando poco a poco... 

Fue entonces cuando la profesora nos miró a los de viento, buscando otra víctima a la que quitarle la timidez con el siguiente solo que tenía la obra.

-Flautas, ¿quién quiere hacer el solo?


lunes, 7 de enero de 2013

Gran comienzo, 2013

Vaqueros puestos,

tenis atados,

sudadera abrigando,

atril preparado,

partituras leídas,

instrumentos afinados,

y gorro de Papá Noel en la cabeza.

La carroza empieza a andar, y los tambores a tocar. El resto de la banda, más o menos ordenados con los de su mismo instrumento, y los niños desde fuera, siguen a la carroza y a los tambores. El resto de músicos no pueden evitar mover el cuerpo. Los tambores hoy parecen tener más ritmo que nunca. El cuerpo te pide bailar. Y los demás no han tocado aún una sola nota. Los niños ya están pendientes de los caramelos, excepto algún futuro percusionista que no aparta la mirada de los tambores. Suenan los platos, y el resto de músicos ya tienen su instrumento en la boca. Villancicos que todo el mundo conoce salen de todos los instrumentos. Los músicos saben que lo que están tocando no es nada comparado con lo que suelen tocar en los ensayos. Corchea. Negra. Dos corcheas. Blanca. Sol. Do. Si, do. La. Feliz Navidad. Suena un villancico detrás de otro, sin pausa alguna. Todos conocidos, los tradicionales. Y fáciles de tocar, pa qué mentir. Los músicos están tocando, y empiezan a bailar. Nadie dijo que lo fácil fuese aburrido. Lo que al principio era una banda formal y seria de Semana Santa, dejó de serlo al poco de empezar a tocar. Se dejaron de protocolos. Flautas, clarinetes y saxos mezclados entre ellos, sin orden alguno. Percusión, trombones y trompetas a lo largo de toda la banda. Ya no se distinguen filas. Desde fuera, debajo de los gorros de Papá Noel, se ve a los músicos, con sus instrumentos adornados, bailar los villancicos que ellos mismos tocan como si no hubiera mañana. Y entre villancico y villancico, ríen y se dan abrazos y besos entre ellos. Amor por la música y sus músicos. La tarde termina, y los músicos, todavía con instrumento en mano, siguen con la sonrisa puesta de lo bien que se lo han pasado, abrazando y besando a sus amigos músicos. Con la sensación de que no hay nada que una más que la música. Probablemente, aquellos músicos de aquella banda, recordarán la Cabalgata de Reyes de 2013 como una de sus mejores salidas.

De esas veces en las que nada ni nadie puede fastidiarte el resto del día, en las que desprendes felicidad y sonríes cada vez que recuerdas algún momento de la tarde. Sensaciones que se deberían vivir más a menudo. Y que, casualmente, sólo me las provocan la banda y sus músicos. 

Gran comienzo, 2013.