lunes, 11 de febrero de 2013

Reír hasta llorar... de la risa

Hay mucha gente que merece la pena.

La mayoría ni los conozco tan bien como quisiera... Pero es que se ve a kilómetros que merece la pena hacerlo. Y cuando los conoces un poquito más, piensas...: "Tío...¡molas!"

Mis alrededores están llenos de gente que me encanta y, aunque unos sean más amigos que otros, me los paso bien con ellos y, lo más importante,... Están ahí. Y cada día me doy más cuenta de ello y lo valoro más.

Con cada uno de ellos tengo o he tenido alguna tontería de esas que siempre recuerdas... Llamarnos frikis entre nosotras, intercambiarnos reliquias y sinsajos, recibir un gorrito de Papá Noel en la cabalgata de Reyes, regalarnos abrazos, apostar tonterías, comernos bocadillos a las doce de la noche a escondidas en Madrid, cantar canciones de LOVG en el salón, ganar al Singstar poniendo voz de pitufo, defender las letras antes que nada, hacer pulseritas para llevar las dos la misma, intentar abrir una puerta con los pies, acostumbrarme a que me saluden tocándome al pelo, ser la chica del pañuelo azul para algunos del conservatorio, hacerme pasar por la hija guiri de mi profe de inglés, hablar como Rajoy en clases de flauta con la profesora, entendernos con la mirada y echarnos a reír como primas, esperarnos hasta las tres de la mañana en Málaga para esperar a cierto famoso, cantar a cuatro voces por la calle, discutir sobre qué instrumento es más difícil, quedarnos hasta las doce de la noche en casa ajena hablando con dos alemanas en inglés, convencernos de que la lluvia es psicológica, aguantar la bipolaridad de aquella profe de orquesta, acojonarnos cada vez que pregunta la nueva, estudiar en alternativa el examen de historia, rebelarnos contra aquella profesora, pasar horas y horas delante del ordenador sonriendo, ir al Costa Coffe cada vez que salíamos de la residencia, encontrarnos sin querer en un pueblo de Inglaterra, escuchar cómo me cantan al oído Cuando me vaya, recibir apoyo y ánimo para que siga escribiendo, hablar como si nos conociésemos de toda la vida, meternos en Madrid un 18 de febrero, abrazar y dejarnos abrazar por David Otero...

Y un montón de cosas que me dejo, pa variar. Es imposible recordar todo lo que he pasado con mucha gente, pero es que... Hay que recordar que estuvieron, que muchas siguen ahí y no se van a ir.

Si me he cruzado con toda esta gente, sólo me sale decir lo que dice Amaral...

Es el destino quien nos lleva y nos guía.


Y toda esta gente... merece la pena.

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