sábado, 29 de diciembre de 2012

Despidiendo mi 2012

El año en el que decían que se iba a acabar el mundo. Y aquí estoy yo, a 29 de diciembre de 2012 escribiendo.

Mi 2012 ha sido increíble. Ha tenido un montón de alegrías y tristezas (ganan las alegrías). Ha sido uno de los mejores años que he tenido en mucho tiempo, a pesar de sus cosillas, pero, aún así, no lo cambio por nada.

Llamadme repetitiva, pero entrar en la Banda de Música las Golondrinas ha sido una de las mejores cosas que he podido hacer en este año y en muchísimo tiempo. Mi 2012 (o quien fuese, llámalo X) quiso que entrase a principios de enero, y no sólo ha hecho que sepa apreciar más la música y que cada vez me guste más, sino que ha hecho que conozca gente que le guste tanto la música como a mí, que me entiendan y que encima con ellos me sienta realmente cómoda. Estamos todos locos y entendemos nuestras locuras. Entre músicos, y con música de por medio, el cuerdo sobra. Creo que no ha habido ningún ensayo o salida del que no haya vuelto con una sonrisa o con alguna anécdota que contar y recordar. Sólo llevo un año, y el día que me falten sus ensayos, sus marchas y su gente, la voy a echar mucho de menos. Así que no intentéis sacarme de ahí, que no lo vais a conseguir.

También he de decir que en este año no he podido ser más yo. No digo que otros años me haya dejado influenciar por nada ni por nadie, pero como que se me ha metido entre ceja y ceja que así soy yo y así voy a seguir siendo, que nadie va a cambiar mi personalidad. Lo que lleva a darme cuenta de quiénes son mis amigos y quiénes no. 

Los amigos... Muchos que han salido de la banda y otros muchos del instituto. La cosa es que con esta gente, no puedo diferenciar entre Amigos y amigos. Sería más entre Amigos y Mejores Amigos... Me explico: mis Mejores Amigos son los que me aguantan todos los días, hasta la más mínima tontería y sin mandarme a la mierda (os quiero, vosotros dos) y mis Amigos son los que también me aguantan, y aunque no les cuente mis cosas ni ellos me cuenten las suyas, sé que están ahí. Y eso me encanta. Toda la gente con la que me he relacionado este año, y voy a seguir relacionándome, sois increíbles.

El caso es que mi 2012 me ha encantado, ha sido el año en el que he conocido a gente genial, me han pasado cosas de todo tipo, he tenido experiencias increíbles, momentos inolvidables y un montón de risas. 

A mi 2012 yo le debo mucho.

Sólo me queda decir que ojalá el 2013 lo supere... Y que feliz año, lectores míos :)

Gracias por leerme.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Todo acaba

Es ley de vida.

Aún está todo demasiado reciente, y los recuerdos van y vienen. Muchos de ellos físicamente. Salen de su casa para entrar en la mía. Un simple taburete que te transporte a  aquellas comidas en la cocina, rodeada de familia con un plato de espaguetis delante, todos ansiosos por repetir. Una simple clave de sol que estaba en la estantería del salón, que nos encantaba, y que ahora está en nuestra casa. Un simple papelito escrito a mano: Muchas felicidades, Chiara. Recuerdos que me hacen sonreír tristemente.

Pienso que es lo mejor que podría haber pasado, pero me está costando todo demasiado. No sólo se me vienen a la cabeza esos recuerdos cada vez que veo el taburete o la clave de sol, sino también esos días de después en los que recibí abrazos y besos y el apoyo de mi gente... (GRACIAS!) Es verdad que llorar sola no es agradable, por eso lloré con mi familia. Lo necesitaba. Porque aunque la situación me pudo, me ayudó.

Se acabaron los bajones momentáneos, pero la tristeza sigue ahí.

La vida sigue.

Show must go on.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Nunca Volverá

Olía a enfermo. Como en todos los hospitales.
Seguí a mi madre, y por fin pude ver a mi abuelo.
Entré en la habitación con una media sonrisa. Su pelo blanco estaba despeinado, su rostro pálido y muchos cables lo rodeaban.
Un cáncer de pulmón lo había llevado hasta aquí. Sabía que tarde o temprano moriría, por culpa del maldito tabaco.
Mi abuelo sonrió. Me hizo un gesto para que me acercase, y así hice. Lo abracé con cuidado.
-Abuelo –sonreí. Me separé de él.
-No sé por qué has venido, no me gusta que me veas así.
-Tenía que verte… -decidí dejar la frase a medias.
-¿Crees que voy a ver una luz y voy a irme al “Otro Barrio”? Vamos, Bea, ya sabes que la luz no lleva a la muerte, sino a la vida –sonrió dulcemente.
Suspiré y lo miré a los ojos.
-Ya, ya lo sé… Me lo has dicho muchas veces, pero… ¿Por qué, abuelo? –me dejé caer en el sillón que había allí.
-Hija mía, cuando tu abuela murió me quedé muy tocado y… -se tapó la cara con las manos, y al rato se las quitó de ella-. Empecé a fumar más y más cada día… ¡Que nunca se te ocurra coger un cigarro! –suspiró-. Cariño, la gente se deprime, y cae en drogas, en la bebida o… O le pasa como a mí y termina en un hospital con cáncer de pulmón. Para que veas lo malo que puede llegar a ser el tabaco. Por culpa de él, ahora soy un viejo moribundo.
Las lágrimas recorrieron mis mejillas, y me tapé la cara con mis manos. Noté que mi abuelo me observaba.
-No llores. Cuando todo esto pase, estaré en una parte de tu corazón. Esas lágrimas están
poniendo rojos tus preciosos ojos verdes y mojando esas manos de pianista.
Quité las manos de mi cara y me las miré. Suspiré y me senté en los pies de la cama.
-Nunca tuve la oportunidad de tocar contigo. Yo al piano y tú con el saxo.
-No te preocupes por ello, mis pulmones no me habrían dejado –suspiró. Abrió la boca para decir algo, pero la cerró-. Venga, vale, te lo diré –sonrió.
-¿Decirme qué? –lo miré a los ojos. Aquellos ojos transmitían confianza, sabiduría… De todo.
Desvié la mirada.
-Ahora hablaré con tu madre, y le diré algo que tú sabrás más tarde. Cuando tu madre te diga eso, entra en mi habitación que hay en tu casa y en la mesita de noche, debajo de muchos papeles y libretas, hay un colgante. Cógelo y quédate con él toda tu vida, y así me recordarás. ¿Lo harás?
No sabía qué significaba aquello.
-Claro, abuelo.
La puerta se abrió, y la cabeza de mamá apareció detrás de la puerta.
-Tenemos que irnos, Bea. Despídete del abuelo.
-Miriam, ahora entras que quiero hablar contigo –el abuelo aprovechó la ocasión. Mamá asintió y cerró la puerta, dejándonos solos otra vez.
Volví a mirar a mi abuelo.
-Vive, y si una lágrima sale de tu ojo, que no sea de tristeza.
Sonreí y me acerqué a él para abrazarlo de nuevo.
-Te quiero, niña –susurró.
-Y yo a ti, abuelo.
Me separé de él, y me sequé las lágrimas con las manos. Fui hacia la puerta y nos miramos a los ojos. Quizá por última vez.
-Recuerda lo que te he dicho.


Semanas más tarde, mamá me hizo salir de mi cuarto para darme la noticia que ya esperaba. El corazón de mi abuelo había dejado de latir.
Fue como si me clavasen un cuchillo en el corazón.
Corrí hacia la habitación de mi abuelo, abrí el cajón de la mesita de noche y rebusqué en él lo que quería encontrar. Y lo encontré. Cogí el colgante y me lo puse; era una estrella enganchada a una luna.
Lo miré y lo apreté con fuerza.
La estrella pareció brillar, y fue como si nunca me hubiesen clavado ese cuchillo.
Sentí sus latidos del corazón en el colgante, y supe que estaba en alguna parte de mi corazón.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Cerrar los ojos para recordar

¿No os pasa que a veces recordáis y sonreís?

A mí sí. Constantemente. 

Recordar momentos que te hicieron sonreír y reír. Sonreír al recordar. REÍR al recordar. ¿No es genial? 

Recordar es una de las capacidades más increíbles que tiene el ser humano, pienso. Lo de recordar lo bonito o lo feo ya es cosa nuestra. Sólo depende de si en tu cabeza tienes un + o un -.

Yo siempre tengo un +, o casi siempre. Por eso me paso el día sonriendo. 

Ocasiones en las que puedo desconectar, mi mente vuela hacia los momentos que me gustan recordar, hasta que alguien te ve reírte sola y te dice riendo él también: "¿De qué te ríeees?". Entonces pones los pies en el suelo y llevas la sonrisa puesta.

Chistes, risas, sonrisas, emociones, sensaciones, abrazos, alegrías... Recordar.

Recordar lo bonito es algo que deberíamos hacer más a menudo. Nos hace sonreír y olvidar lo mierda que puede haber sido el día. Recordar nos hace olvidar.

En mi cabeza sólo hay sitio para recuerdos + con los que poder sonreír cuando quiera, y si se me cuela alguno -... Ya me encargaré yo de ganar.