Vuelven mis aventuras de WarsAuPair. Mucho tiempo he tardado, llevo unos días pensando en escribir pero se me pasaba constantemente.
Ya llevo aquí algo más de un mes. Han pasado muchas cosas y a la vez ninguna. Esto del COVID nos tiene a todos encerrados y con poca actividad, en Polonia también, sí. Cuando llegué, los contagios estaban subiendo pero los números no eran preocupantes. Ahora se les ha ido de las manos, ahora van incluso peor que en España y no veo yo que la curva baje... Pero bueno, no me extraña, la verdad. Muchos usan mascarillas de tela de las que no sirven para nada o directamente por debajo de la nariz en el transporte público. Sí, en el metro, donde no hay ventilación. En el tranvía y en el autobús podría tener un pase porque las puertas se abren constantemente, pero en el metro... En la universidad hay carteles por los pasillos que dicen que no abras la ventana. No sé, es verdad que están haciendo obras en el patio, pero estamos en una pandemia. Yo qué sé, Mike, esto huele raro. Después le echan la culpa al frío y al invierno. Pero vaya, que yo estoy bien, cansada de toda esta historia como todo el mundo, pero bien.
Empiezo a entender cómo funcionan los polacos en casa. Los zapatos te los quitas nada más entrar a casa, la puerta se puede abrir desde fuera y no pasa nada y las sopas que no falten. No entendía por qué tanta fiesta a las sopas. Hace frío, sí, pero fuera, en casa no. Marta me contaba que la cultura de las sopas es muy fuerte en Polonia, que no se concibe un almuerzo sin sopa. Puedes no tener segundo plato y no pasa nada, pero si no tienes sopa es como si no hubieras comido. A mí eso me parecía un poco exagerado, la sopa es un plato más, ya está, pero después de un mes, empiezo a entenderlo. Más que a entenderlo, a acostumbrarme. De repente soy un poco polaca, y el día que no ha dado tiempo a hacer una sopa, noto que me falta algo. Ahora quiero cuchara todos los días, y eso que yo nunca he sido demasiado fan del cuchareo. Cuando vuelva a España, desbloquearé el apartado "sopas" en mis tardes de jugar a las cocinitas.
Bueno, las sopas están guays hasta que llega la de col. COL. He comido de calabaza, de brócoli, de coliflor... Algo impensable para mi yo de hasta hace ¿un año? De repente estoy comiendo de todo, hasta de lo que no me gusta. De repente no lo pienso y me lo como, como me decía mi madre. De repente me como algo que no me gusta y rezo a algún dios que no conozco para que no haya sobras. Pero la sopa de col... Pero la col que está en conservas que sabe ácida. Lo siento, pero no. A ver, que me la comí, pero qué necesidad. Marta trabaja mucho, y cuando hace de comer, suele haber para dos o tres días como mucho. La sopa de col duró 5 días. 5. CINCO. "Voy a hacer más cantidad de lo normal porque nos gusta mucho esta sopa". Genial. Puedo comerme dos días seguidos algo que no me gusta, pero cinco. CINCO. Cuando se acabó la sopa, al día siguiente hizo un pollo al horno que me supo a gloria bendita y más.
Aparte de las sopas que cada vez las agradezco más y de la historia de la sopa de col (que me temo que no ha terminado porque hay una enorme en la nevera), esta gente come muchas cosas crudas. Pero en plan a bocaos. De repente me ponen un tomate en el plato. Solo. Bueno, vale, me lo como (algo impensable en mí también hasta hace dos años). Otro día me pone un pimiento rojo. Solo. Jonny y ella se lo comen a bocaos. Yo no entiendo nada, y decido hacer como que para mí es normal y también me lo como, aunque no me hace nada de gracia. Otro día me encuentro con una tostada con champiñones encima. Crudos. Champiñones crudos. Jonny pasa del pan y se los come a bocaos. ¿Qué les pasa a esta gente? ¿Soy yo la única rara que no le gusta comerse las cosas crudas y a palo seco? Por supuesto, probé todo eso porque yo otra cosa no sé, pero soy una persona nueva y muy open minded desde siempre y ahora con la comida, así que me lo comí, incluido el pepino en conserva que lo pasé hasta mal. ¿¿¿Por qué les gustan las cosas crudas y ácidas??? Lo siento, no lo entiendo. No quiero más cosas crudas ni en conserva. Un día, le rechacé a Marta un trozo de pimiento en el desayuno y Jonny me miró con cara de "cómo te atreves" y no fue a más, obviamente. No me apetecía quedarme todo el día con tol peste a pimiento desde por la mañana, la verdad. Lo vuelvo a repetir: qué necesidad.
La parte que me encanta de las comidas, aparte de las sopas pero sin contar la de col, son los embutidos. Lo siento por mis amigos vegetarianos/veganos que me leen, me acuerdo de ellos cada vez que hablo de carne en alguna red social. Están buenísimos. Hay trescientos mil tipos y están todos muy buenos y algo ahumados. También son muy comunes los quesitos estos tipo el caserío que tienen trocitos de jamón, hierbas, champiñones... Al principio me parecía una guarrería pero de repente soy muy adicta. Hablando de adicciones, ahora como peras todo el rato.
Aguantar a Jonny a veces es muy fácil y a veces es muy difícil. Cuando estamos solos, suelta palabras en inglés pretendiendo que yo las entienda, o se harta y las dice en polaco. Cuando está Marta, directamente espera a que ella traduzca, el tío vago. Total, que a veces me canso de esforzarme en entenderlo y me rindo y es como si oyera llover. Dicen que el polaco se me da bien, y la verdad es que cada vez entiendo más cosas, pero es tremendamente difícil si declinan cada palabra y yo tengo que intentar averiguar qué palabra es. Jonny a veces es un poco repelente y cotilla. He aprendido las dos palabras en polaco. Una vez, preguntándole los verbos en inglés, de repente me vi hablando con Hermione Granger. Resulta que ahora no pronuncio bien el verbo "have". Yo no entendía lo que me quería decir, porque él decía el mismo verbo y yo esperaba pacientemente a que me dijera el pasado, pero no lo decía, seguía repitiéndolo. Él fruncía el ceño y me decía con la mirada que se le estaba acabando la paciencia y que lo entendiera ya. Al final terminó diciendo "it's hææææve, not haaaaave" (así escrito a lo cateto para que me entendáis). So sorry for my Spanish accent, eh? Eso por repelente y cotilla porque cada vez que puede se asoma a mi móvil para ver qué estoy haciendo y con quién estoy hablando, aunque él no entienda nada. También, cuando estoy haciendo otra cosa y no me ve, tiene que saberlo y de repente escucho un "what are you doiiiiinnnngggg?" Tiene que saberlo todo. Incluso hasta a qué huele mi colonia. Me siento vigilada por un mocoso de 10 años. Pero es buena gente cuando está de buenas. Después me entero que le dice a Marta que cuando me vaya me va a echar de menos, aunque después le dé vergüenza que hablemos de eso, no sé por qué.
La semana pasada me miró un tuerto. Bueno, no literalmente (creo). En 48 horas bloqueé la cuenta del banco, se me rompió el ventilador del ordenador, me cagó un cuervo encima y me caí dando un paseo. Tonterías, pero no entendía a qué venía todo esto. Total, que fui al banco, lo arreglé gracias a un muchacho muy amable, fui a llevar a arreglar el ordenador mientras Jonny le explicaba al informático quién era yo y qué era un au pair, limpié la mierda con éxito en mis únicos vaqueros caros que tengo y la caída fue simplemente anecdótica: metí el pie en un agujero y me caí sobre hierba blandita. Mi hermana dice que soy una serie. A veces pienso que sí, la verdad.
Podría seguir hablando sobre el día de la independencia polaca, de la excursión a Lodz, de lo mucho que estoy leyendo, de que escribir el diaro abroad sola no tiene mucho sentido, de las protestas anti aborto y del paseíto tan guay con Max y su novia descubriéndome rincones de Praga, pero esto me está quedando larguísimo y tampoco hay que pasarse.
Si has llegado hasta aquí, que sepas que hoy es el cumple de mi hermano pero también el de mi novio, y que yo hoy tendría que estar en el superior de Málaga celebrando el día de Santa Cecilia después de mi graduación. Pero aquí estamos, atrapados cada uno en una ciudad intentando asumir cuanto antes que estas Navidades hay más probabilidades de que coma más pierogi que turrón. Pero no pasa nada. Jamie Cullum ha sacado un disco navideño que lo cura todo.



