domingo, 22 de noviembre de 2020

MALAGUEÑOS POR VARSOVIA. Capítulo 15.

Vuelven mis aventuras de WarsAuPair. Mucho tiempo he tardado, llevo unos días pensando en escribir pero se me pasaba constantemente.

Ya llevo aquí algo más de un mes. Han pasado muchas cosas y a la vez ninguna. Esto del COVID nos tiene a todos encerrados y con poca actividad, en Polonia también, sí. Cuando llegué, los contagios estaban subiendo pero los números no eran preocupantes. Ahora se les ha ido de las manos, ahora van incluso peor que en España y no veo yo que la curva baje... Pero bueno, no me extraña, la verdad. Muchos usan mascarillas de tela de las que no sirven para nada o directamente por debajo de la nariz en el transporte público. Sí, en el metro, donde no hay ventilación. En el tranvía y en el autobús podría tener un pase porque las puertas se abren constantemente, pero en el metro... En la universidad hay carteles por los pasillos que dicen que no abras la ventana. No sé, es verdad que están haciendo obras en el patio, pero estamos en una pandemia. Yo qué sé, Mike, esto huele raro. Después le echan la culpa al frío y al invierno. Pero vaya, que yo estoy bien, cansada de toda esta historia como todo el mundo, pero bien.

Empiezo a entender cómo funcionan los polacos en casa. Los zapatos te los quitas nada más entrar a casa, la puerta se puede abrir desde fuera y no pasa nada y las sopas que no falten. No entendía por qué tanta fiesta a las sopas. Hace frío, sí, pero fuera, en casa no. Marta me contaba que la cultura de las sopas es muy fuerte en Polonia, que no se concibe un almuerzo sin sopa. Puedes no tener segundo plato y no pasa nada, pero si no tienes sopa es como si no hubieras comido. A mí eso me parecía un poco exagerado, la sopa es un plato más, ya está, pero después de un mes, empiezo a entenderlo. Más que a entenderlo, a acostumbrarme. De repente soy un poco polaca, y el día que no ha dado tiempo a hacer una sopa, noto que me falta algo. Ahora quiero cuchara todos los días, y eso que yo nunca he sido demasiado fan del cuchareo. Cuando vuelva a España, desbloquearé el apartado "sopas" en mis tardes de jugar a las cocinitas. 

Bueno, las sopas están guays hasta que llega la de col. COL. He comido de calabaza, de brócoli, de coliflor... Algo impensable para mi yo de hasta hace ¿un año? De repente estoy comiendo de todo, hasta de lo que no me gusta. De repente no lo pienso y me lo como, como me decía mi madre. De repente me como algo que no me gusta y rezo a algún dios que no conozco para que no haya sobras. Pero la sopa de col... Pero la col que está en conservas que sabe ácida. Lo siento, pero no. A ver, que me la comí, pero qué necesidad. Marta trabaja mucho, y cuando hace de comer, suele haber para dos o tres días como mucho. La sopa de col duró 5 días. 5. CINCO. "Voy a hacer más cantidad de lo normal porque nos gusta mucho esta sopa". Genial. Puedo comerme dos días seguidos algo que no me gusta, pero cinco. CINCO. Cuando se acabó la sopa, al día siguiente hizo un pollo al horno que me supo a gloria bendita y más.

Aparte de las sopas que cada vez las agradezco más y de la historia de la sopa de col (que me temo que no ha terminado porque hay una enorme en la nevera), esta gente come muchas cosas crudas. Pero en plan a bocaos. De repente me ponen un tomate en el plato. Solo. Bueno, vale, me lo como (algo impensable en mí también hasta hace dos años). Otro día me pone un pimiento rojo. Solo. Jonny y ella se lo comen a bocaos. Yo no entiendo nada, y decido hacer como que para mí es normal y también me lo como, aunque no me hace nada de gracia. Otro día me encuentro con una tostada con champiñones encima. Crudos. Champiñones crudos. Jonny pasa del pan y se los come a bocaos. ¿Qué les pasa a esta gente? ¿Soy yo la única rara que no le gusta comerse las cosas crudas y a palo seco? Por supuesto, probé todo eso porque yo otra cosa no sé, pero soy una persona nueva y muy open minded desde siempre y ahora con la comida, así que me lo comí, incluido el pepino en conserva que lo pasé hasta mal. ¿¿¿Por qué les gustan las cosas crudas y ácidas??? Lo siento, no lo entiendo. No quiero más cosas crudas ni en conserva. Un día, le rechacé a Marta un trozo de pimiento en el desayuno y Jonny me miró con cara de "cómo te atreves" y no fue a más, obviamente. No me apetecía quedarme todo el día con tol peste a pimiento desde por la mañana, la verdad. Lo vuelvo a repetir: qué necesidad.

La parte que me encanta de las comidas, aparte de las sopas pero sin contar la de col, son los embutidos. Lo siento por mis amigos vegetarianos/veganos que me leen, me acuerdo de ellos cada vez que hablo de carne en alguna red social. Están buenísimos. Hay trescientos mil tipos y están todos muy buenos y algo ahumados. También son muy comunes los quesitos estos tipo el caserío que tienen trocitos de jamón, hierbas, champiñones... Al principio me parecía una guarrería pero de repente soy muy adicta. Hablando de adicciones, ahora como peras todo el rato.

Aguantar a Jonny a veces es muy fácil y a veces es muy difícil. Cuando estamos solos, suelta palabras en inglés pretendiendo que yo las entienda, o se harta y las dice en polaco. Cuando está Marta, directamente espera a que ella traduzca, el tío vago. Total, que a veces me canso de esforzarme en entenderlo y me rindo y es como si oyera llover. Dicen que el polaco se me da bien, y la verdad es que cada vez entiendo más cosas, pero es tremendamente difícil si declinan cada palabra y yo tengo que intentar averiguar qué palabra es. Jonny a veces es un poco repelente y cotilla. He aprendido las dos palabras en polaco. Una vez, preguntándole los verbos en inglés, de repente me vi hablando con Hermione Granger. Resulta que ahora no pronuncio bien el verbo "have". Yo no entendía lo que me quería decir, porque él decía el mismo verbo y yo esperaba pacientemente a que me dijera el pasado, pero no lo decía, seguía repitiéndolo. Él fruncía el ceño y me decía con la mirada que se le estaba acabando la paciencia y que lo entendiera ya. Al final terminó diciendo "it's hææææve, not haaaaave" (así escrito a lo cateto para que me entendáis). So sorry for my Spanish accent, eh? Eso por repelente y cotilla porque cada vez que puede se asoma a mi móvil para ver qué estoy haciendo y con quién estoy hablando, aunque él no entienda nada. También, cuando estoy haciendo otra cosa y no me ve, tiene que saberlo y de repente escucho un "what are you doiiiiinnnngggg?" Tiene que saberlo todo. Incluso hasta a qué huele mi colonia. Me siento vigilada por un mocoso de 10 años. Pero es buena gente cuando está de buenas. Después me entero que le dice a Marta que cuando me vaya me va a echar de menos, aunque después le dé vergüenza que hablemos de eso, no sé por qué. 

La semana pasada me miró un tuerto. Bueno, no literalmente (creo). En 48 horas bloqueé la cuenta del banco, se me rompió el ventilador del ordenador, me cagó un cuervo encima y me caí dando un paseo. Tonterías, pero no entendía a qué venía todo esto. Total, que fui al banco, lo arreglé gracias a un muchacho muy amable, fui a llevar a arreglar el ordenador mientras Jonny le explicaba al informático quién era yo y qué era un au pair, limpié la mierda con éxito en mis únicos vaqueros caros que tengo y la caída fue simplemente anecdótica: metí el pie en un agujero y me caí sobre hierba blandita. Mi hermana dice que soy una serie. A veces pienso que sí, la verdad.

Hace un par de semanas tuve tiempo para pasearme por donde viví durante mi Erasmus, por el centro histórico. Fue una sensación rara aunque creo que entendí que esto ya era otra cosa totalmente distinta. Varsovia sigue siendo Varsovia, sí, pero no es la que yo conocí. Lo único que tengo en común es mi flauta y mi profe, que sigo contentísima, pero hasta en clase tengo sensaciones diferentes, incluso son aulas diferentes y eso me hace aún más poder diferenciar ambas experiencias, como si fueran lugares diferentes. En realidad me gusta que sea así, porque si no estaría muy confusa. Lo que tampoco ha cambiado es el frío y la no luz. A mí ya se me había olvidado esto. Llevamos un par de días a un grado, son las 15:30 y ya está anocheciendo. La pandemia es una situación de mierda pero esto es otra gran mierda. Echo de menos el sol. Que alguien me recuerde qué hago aquí.

Podría seguir hablando sobre el día de la independencia polaca, de la excursión a Lodz, de lo mucho que estoy leyendo, de que escribir el diaro abroad sola no tiene mucho sentido, de las protestas anti aborto y del paseíto tan guay con Max y su novia descubriéndome rincones de Praga, pero esto me está quedando larguísimo y tampoco hay que pasarse.

Si has llegado hasta aquí, que sepas que hoy es el cumple de mi hermano pero también el de mi novio, y que yo hoy tendría que estar en el superior de Málaga celebrando el día de Santa Cecilia después de mi graduación. Pero aquí estamos, atrapados cada uno en una ciudad intentando asumir cuanto antes que estas Navidades hay más probabilidades de que coma más pierogi que turrón. Pero no pasa nada. Jamie Cullum ha sacado un disco navideño que lo cura todo.



miércoles, 21 de octubre de 2020

MALAGUEÑOS POR VARSOVIA. Capítulo especial.

He vuelto, sí. Llevo pensando en volver desde el 22 de junio que me fui. Volver. Irse. Volver. A dónde vuelves, a dónde vas y de dónde vienes. Todos esos verbos que te delatan.

Mentiría si dijera que no sentí un pellizco en el estómago cuando volví a ver el Stare Miasto después de ocho meses y, aunque duró poco, Varsovia sigue como estaba. Varsovia sigue siendo Varsovia y la sensación de no haberme ido nunca era inmensamente grande. Pasear por los sitios que paseaba, con el mismo chaquetón, la misma bufanda y las mismas botas. Nada ha cambiado. Bueno, sí, el frío que no ha hecho (no sé cuántas veces hay que insistir en lo del cambio climático). Pero nada ha cambiado. Dar dos clases de flauta en un fin de semana como solía hacer e igual de cómoda que siempre, ir al billar y perder porque es imposible ganar, el Spacca Napoli, los pierogi y la sopa zurek. Todo tiene el mismo olor, color y sabor que cuando me fui. Sensación totalmente contraria a la que tuve cuando volví a Málaga después de nueve meses.
Es difícil de explicar todo esto. Han sido unos días increíbles (sobre todo después de una semana en Rotterdam) que me han servido de catarsis, coger fuerzas para lo que viene y ver un poco menos borroso mi futuro. Pero también para hacerme más amiga de mis amigos Erasmus y eso ha sido súper guay.
Ni osos, ni taza, pero buenas noticias.

3/3/2020

MALAGUEÑOS POR VARSOVIA. Segunda temporada. Capítulo 14.

Sí, he vuelto. Sí, me lo he callado. Y sí, ya sé que estábais esperando mi vuelta. Já. (Es broma, aunque sé que tengo fans y yo me debo a ellos, va por vosotros).

Los que me seguís en instagram ya sabéis por qué he vuelto y qué estoy haciendo, pero vosotros también tenéis derecho a saberlo. He de decir que estoy aquí un poco de chorra, o más bien, de segundas, como todo lo que pasa en mi vida últimamente. En junio terminé el superior, en julio hice las pruebas para el máster en Varsovia y no entré, intenté hacer el máster del profesorado en Málaga y tampoco entré (estamos locos con una nota de corte tan alta por la cara) yyyy básicamente me tiré todo el verano echando currículums y con la cabeza no

sé muy bien dónde, intentando averiguar qué sería de mí este curso si no me salía nada. Porque todos sabemos que el momento ideal para terminar una carrera ha sido el 2020, sí. 

Total, que gracias al pianista que me acompañó para grabar los vídeos de mi Erasmus (que él también había estado antes en Varsovia haciendo lo mismo que yo), volví a pensar en mi querida Varsovia y en lo guay que había estado mi Erasmus, yo, que ya había descartado la posibilidad de volver y lo había asumido. Pero sí que había otra opción y Rubén me la recordó, porque él lo hizo. El posgrado. El premáster. El comosellame. El papelito que no sirve para nada administrativamente pero aprendes un montón. Entonces Varsovia volvió a mi cabeza. El artistic training lo llaman ellos. Mm. Había que mandar un par de vídeos y yo tengo unos muy bonitos del TFE. ¿Por qué no intentarlo?

Lo hice. Pasaron días y días sin respuesta, el covid lo estaba retrasando todo. Yo mientras seguía buscando cosas qué hacer e incluso me salieron un par de clases particulares, pero todo era muy incierto. Por otro lado, busqué posibles trabajos en Varsovia para poder ganar algo de dinerillo en caso de que me cogieran, pero era todo muy complicado. Trabajo, piso, pandemia de por medio... Demasiado locura, este plan cojeaba por todos lados. Hasta que apareció Marta. La persona que, casi sin querer, ya he bautizado como la mami polaca. 

Marta no apareció por arte de magia, no. Mientras buscaba posibles trabajos, el más "sencillo" que se me ocurría era el de au pair, por llegar y tener casa y trabajo en el mismo sitio. Pero claro, en el fondo tenía cero esperanzas de que apareciera alguien en Varsovia que buscara una au pair española y que además la familia estuviera dispuesta a aguantar a una flautista. Pues pasó. Apareció Marta con el rubito de Jonny (además de un ratón, un hámster y un pájaro), buscando una persona española que le ayudara con su hijo, en Varsovia, y con todas las mañanas libres para poder tocar y estudiar. En definitiva, lo que yo buscaba había aparecido casi sin querer. Sólo me quedaba recibir una respuesta por parte de la universidad. Y ya sabéis dónde estoy.

El 29 de septiembre recibí un sí por parte de la Universidad de Chopin, el 3 de octubre conocí a Marta por Skype, y el (martes) 13 de octubre cogí un vuelo a Varsovia. Realmente no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Estaba cagada. A casa de dos desconocidos, polacos, en pandemia. Eso sí, apoyada prácticamente por todo el mundo. Pero cagada. Aquí había mucho riesgo y yo en realidad en Málaga no tenía nada que hacer. Pero esto era volver a Varsovia, con la profesora que más he congeniado nunca y, encima, ganando dinero cuidando de un niño polaco del que ya me he ganado su confianza con mis pizzas.

Ya estaba todo hecho. El plan me había salido redondo. Todo lo que quería lo tenía, y aún así estuve a punto de echarme atrás. Qué miedo, tío. Realmente lo que me convenció fue conocer a Marta, una persona muy poco polaca diría yo, comprensiva, divertida y abierta (y muy habladora). Total, que dejé de pensarlo y me compré el billete antes de que cerraran fronteras. 

"A ti lo que te ha hecho más feliz en estos cuatro años ha sido Varsovia, así que vuelve"

"Eres muy lanzada... Sí, sí, tienes miedo pero allá que vas"

Y aquí estoy. En Varsovia. EN VARSOVIA. ESTOY EN VARSOVIA. Es muy fuerte, sólo llevo una semana pero a veces no me lo termino de creer. Volé un martes 13 y a mí me daba igual, pero todo el mundo me lo recordaba. Todo eran risas hasta que no sé por qué extraña razón, el piloto, a las once y media de la noche, anuncia que el aeropuerto donde teníamos que aterrizar estaba cerrado (por qué hacen eso???) y que buscarían otro al que aterrizar. Así empezó la segunda temporada. Desde que anunciaron que Modlin estaba cerrado hasta que dijeron que aterrizábamos en el Chopin... Los 10 minutos más largos de mi vida. Yo ya me veía en una ciudad polaca random de nombre impronunciable preguntando por el the nearest hotel, pero no. Chopin me salvó y aterrizamos en su aeropuerto. Mientras, la pobre de Marta en Modlin esperándome, volvió a coger el coche corriendo y se plantó en el aeropuerto de Chopin. Novea qué follón tío.

Pero llegué, me encontré con mi futura habitación y me quedé frita. Y hasta hoy. He vuelto, feisbukamigos, he vuelto. Ahora me dedico a hacerme amiga de Jonny, jugar con él, aprender polaco y enseñar español, ir a clase de polaco, leer, sentirme útil y, sobre todo, a dar clases de flauta con mi súper profe, que para eso vine y es lo que le da realmente sentido a toda esta aventura. 

Realmente me gusta que lo único que todo esto tenga en común con mi Erasmus sea la música. Habría sido difícil diferenciar. Todavía no he ido al Stare Miasto, por donde tanto paseaba porque vivía súper cerca, y sé que cuando vaya y me pasee, podré transportarme. Ahora vivo en un lugar totalmente diferente, con gente diferente, que me ayuda a distinguir las dos experiencias muy bien y eso me gusta.

No, no pensé que volvería a Varsovia. Y no, jamás pensé que si volviera sería de esta manera, con mascarillas, con la uni prácticamente vacía y en casa de una familia polaca, escuchando polaco 24/7 y sin hablar nada de español en todo el día. Tampoco me imaginé que mi año después del superior fuera este. Pero así ha salido y creo que me ha salido bastante bien, al menos por ahora.

He tenido la originalidad de bautizar esta aventura como "WarsAuPair".

Volveré hablando polaco.