¿Os acordáis cuando os dije en el capítulo anterior de lo guay y bonita que era la nieve y de "oh que nieve más"? ¿Os acordáis? ¿Y de la carta Erasmus esa de Helsinki o el argentino en Toronto? Pues... Jajajajajajajaja
A ver, no. Sí, pero no. Me fascina entrar al conservatorio, estar dos horas en clase y que al salir esté todo completamente blanco. Me parece preeeecioso. Pero nadie habla de cuando esa preciosidad se derrite. Qué guarrada. Y tampoco hace falta que se derrita. Hay que tener un cuidado extremo por no pegarse un culetazo, porque aunque echen sal y todo eso, es terreno raro al que no estoy acostumbrada y voy andando un poco acongojada. Pero hablemos de cuando se derrite, sí. Para evitar esos culetazos, hay unos señores que no sé a qué hora se levantan, que cuando nadie los ve, se dedican a quitar la nieve de las carreteras y aceras y hacen montoncitos de nieve. Bien, todo bien. Pero entonces llegan los cero grados. O un grado. O incluso me atrevería a decir dos grados. Eso empieza a derretirse. Y entonces descubres que la nieve tan blanca y tan preciosa que era a no sé cuántos bajo cero, empieza a ponerse gris y negra. Esto no va de racismo, lo prometo. La nieve se ensucia. Y se pone muy guarra. Y de repente te encuentras un montón de montones de tierra a cinco grados por toda la ciudad y es que me da hasta coraje, tío. No me enfado pero me da corae vieo. Es TAN feo que por un momento deseé estar todo el invierno bajo cero y que solo se derritiera la nieve una vez, que es entonces cuando llegaría el "buen tiempo" y las temperaturas positivas.
Total, que Varsovia me recibe un 6 de enero a menos tres y con unos copos de nieve gordo gordo. Yo venía del paraíso de los 17 grados. Y de la luz hasta las 6 de la tarde. Pero EH, menos quejarse que aquí ahora anochece a las cuatro y poco y me hace súper feliz. De aquí al sol, vaya.
Como ya sabéis (o eso creo), estas Navidades han sido un tanto distintas. Tanto que no se podían recordar como "las navidades de cuando mi Erasmus en Polonia", sino que serán recordadas como "las navidades que Celia trabajaba en Ámsterdam, Clara estaba de Erasmus en Polonia y todos nos cogimos un avión hasta Ámsterdam para pasar la Nochebuena juntos". Ahora lo pienso y parece una película Disney, pero es que es un MOMENTO MEMORABLE. Sobre todo porque creo recordar que compré antes el billete de Varsovia Ámsterdam que el de Málaga Varsovia (el de septiembre, digo). Total, que nos tiramos cinco meses haciéndole creer a mi hermana que su Nochebuena no sería en familia y yo subiéndome por las paredes porque tenía ganas de ver el sol y esta sorpresilla no hacía más que retrasar el momento. Pero bueno, al final estuvo guay y ella no se esperaba nada e hicimos un viaje la familia unida después de 15 años y terminamos conduciendo un barquito por los canales de Ámsterdam un 25 de diciembre fun fun fun. Aquella Navidad.
Al final llegué a Málaga y me empapé de sol, perros, amigos, familia, novio y caras conocidas y español todo el rato y alegría. Y poca flauta, la verdad, pa qué mentir. No sé si fueron esos diez días de sol y de caras conocidas o qué fue. La vuelta a Varsovia los primeros días fueron una mierda. 20 grados menos, Norwegian cobrándome cosas que no debía cobrarme y sola otra vez en esta fría aunque bonita ciudad. Pero me duró un par de días. De repente todo es más guay. La gente ahora es más cercana, parece que nos conocemos desde hace más tiempo y, no sé, lo que antes eran caras desconocidas, al volver, ya no lo eran, inconscientemente se metieron en el saco de caras conocidas. Y ahora es distinto, no sé. Ahora todo es más fácil. Ahora alguna polaquita me para por los pasillos y me pregunta "hey! how do you feel? with the exams and stuff". Ahora me doy cuenta del error que hubiera sido quedarse sólo un semestre. And here we are.
Aunque ahora empiece a sentir todo esto más mío, académicamente esto está mereciendo la pena desde el minuto uno que llegué. La suerte que he tenido de encontrarme con una profesora que no conocía y de venir un poco a la aventura, sin saber cómo me iría ni nada... En serio. Llamadlo casualidad, pero es que a veces me veo obligada a pensar que las cosas pasan por algo. No puedo haber tenido más suerte de que las cosas hayan salido como están saliendo. Hemos venido a jugar, y estoy teniendo un juegazo.
Feliz año y hasta cuando acaben los exámenes.
PD: Mirad qué perfecta es la naturaleza y qué bonito es el copito de nieve y qué frío.
