Me despedí de mi madre, cogí la mochila y la flauta, cerré la puerta del coche y me dirigí hacia el conservatorio. Por fin otra vez aquí. Música de cámara para empezar la tarde. La asignatura que más disfrutaba.
De repente, alguien me tapó los ojos. Empecé a tocarle las manos y a intentar averiguar quién era por su olor... Y lo averigüé.
-Sé quién eres -dije medio sonriendo, pero el chico que le estaba tapando los ojos, no quitó las manos de ellos-. Venga, tío, si ya tengo tus manos caladas, no me hace falta ni verlas para reconocerte.
El chico me dio la vuelta, y nuestros ojos se encontraron.
-Hola -dijo muy tímido y con una sonrisilla.
No paraba de sonreír, y me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla. Él se sonrojó.
-A clase, ¿no?
-Sí. A ver si me dice algo bueno hoy, porque con la racha que llevo... -ambos nos reímos.
-Seguro que sí. ¡Suerte! -y nos despedimos con una sonrisa sincera.
Suspiré, y miré el reloj, esperando que mi compañera de música de cámara apareciera.
-Eh, tú, deja de mirar el reloj, llevo media hora aquí viendo cómo babeas por ese tío.
Levanté la vista del reloj, busqué la voz de mi amiga y noté como se me enrojecían las mejillas. Me acerqué a mi amiga. Estaba sentada en un banco, casi tumbada, con la guitarra encima suya, abrazándola. Muy pocas veces se separaban.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí sentada?
-Diez minutos. Podríais dejaros de tonterías ya los dos, que se ve a kilómetros que estáis loquitos por el otro -decía entre risas.
Abrí mucho los ojos y me sonrojé aún más.
-Pero, ¿qué dices...? -empecé a reírme- Bueno, vale, igual tienes razón.
-Tssss... ¡Siempre la tengo! -la guitarrista se levantó y me abrazó como si no hubiera mañana-. Vámonos pa clase, anda.
-Lo de este tío no es normal -salimos las dos riéndonos de clase.
-Al menos nos aleja un poco de lo clásico.
-Sí, está un poco loco, pero busca eso. Que disfrutemos con otros estilos de música.
-Disfrutar.
Salió al patio del conservatorio y se sentó en uno de los bancos que estaban a la sombra, dejando su guitarra al lado, siempre cerca de ella. La acompañé.
-Lo que es la música, ¿eh?
-Lo que es la música -repitió.
-¿Hay algo mejor que ella?
-Desde luego que no, tía, y lo tengo más que comprobado.
-Nunca te abandona.
-Como los desodorantes esos.
-Pero, ¿qué dic...?
Y empezó a reírse a carcajadas. A doírse a carcajadas en Canarias, como diría ella.
-Ya en serio. ¿Te das cuenta de que nuestra vida gira alrededor de la música? ¿Que el conservatorio es nuestra segunda casa? ¡Es genial!
-El ambiente ayuda mucho. Todos los seres de este conservatorio tenemos cosas en común. A unos nos gusta más la música que otros pero, al fin y al cabo, nos gusta a todos.
-¿Y la cantidad de amistades e incluso parejas que surgen gracias a ella? A ti y a mí porque nos van los tíos, si no yo ya estaría pillada por ti después de tantas clases juntas...
-¿Me estás diciendo...?
-Sí, si fuese tío te tiraba- dijo, partida de risa. Se le iba la pinza.
-Tú porque no tienes orquesta, pero hay miradas... Hay miradas que hablan solas, con gente, sillas, atriles, director de por medio. Saltan chispas. Pero eso lo he vivido yo. He visto gente enamorarse sin cruzar una sola palabra. Y sonreír sin quitarte el instrumento de la boca. Sonreír con la mirada.
-Es que.. Es que...Buah. La música es indescriptible. No hace falta ser el mejor tocando, al menos yo, soy capaz de disfrutar tocando dos notas. Dos notas bien tocadas son... Disfrutas tanto que duele.
-Somos afortunadas, lo sabes, ¿verdad?
-Sí, lo sé. Aunque a veces nos cueste llantos... Siempre sales adelante.
-La Música es lo mejor que existe.