El reflejo de la luna sobre el mar era la imagen de aquella noche y, el sonido de las olas, su banda sonora. La película olía a mar y a verano.
Ninguno de los dos necesitaba luz en la terraza. Eran altas horas de la madrugada de un día de agosto y una luz lo estropearía todo, con la luz de la luna les bastaba. Llevaban horas y horas solos, riendo a carcajadas y disfrutando de la compañía del otro. No necesitaban a nadie más. Hasta que las risas cesaron y ambos callaron.
-¿Qué crees que será de nosotros en un par de años? -dijo la dulce voz de la chica.
-¿Que qué creo que será de nosotros en un par de años? -repitió el chico.
-Sí. ¿Nunca te lo has planteado?
-La verdad es que no. Ya sabes, me limito a disfrutar el día a día... Y no el mañana de ayer.
La chica esbozó una sonrisa en la oscuridad.
-Lo sé, y eso me encanta. Pues yo sí lo pienso mucho, y... no veo nada -el chico esperó a que continuase-. Tenemos diecisiete años y, sinceramente, mi vida de ahora me encanta: mi gente, mi música, mis libros, mis viajes...
-Sé por donde vas.
-Nos pasamos el día planeando nuestro futuro sin darnos cuenta de que lo que tenemos que vivir es el presente.
-Esa eres tú, y lo sabes. Nos queda año y pico para cambiar de ciudad, de gente, de música, de libros... Cambiar de aires. Y te da miedo que al cambiar de aires, pierdas todo lo que tienes hoy.
La chica calló por un momento, pensando sobre lo que acababa de decir su mejor amigo.
-Málaga siempre va a estar aquí, enana, no se la van a llevar.
-Y, ¿su gente?
-Los malagueños seguiremos siendo igual de malagueños que tú.
-Me refiero a mi gente.
-Yo también. Todas esas personas a las que les has llegado, aunque sea un poquito, seguirán ahí... Porque les importas. Es verdad que echarás de menos y te echaremos de menos, pero, ¿has pensado lo que te espera por allí?
-Hay muchos a los que merece la pena conocer y todavía no conocemos.
-Tú lo has dicho. Quítate esos miedos ya. Sólo hacen que pienses más sobre el futuro, dejes de lado el presente y no lo disfrutes tanto como quieres... Porque aunque digas que el presente es el futuro, no lo es.
El chico se levantó de la silla e hizo que ella se levantara también. La chica le pidió con la mirada un abrazo y, él, entendiéndola a la perfección, se lo dio. Los dos echarían de menos esos abrazos.
-Vámonos a dormir ya, que mañana hay banda...