martes, 9 de julio de 2013

Siempre es culpa de la música (I)

Era la primera vez que llevaba a su hermana pequeña al conservatorio. Quería que ella también formase parte de aquel mundo. Si no lo hacía, sabía que se arrepentiría. Ya había hecho la prueba y ella no estaba del todo convencida... Le faltaba el empujoncito de aquella tarde.
Cogidos de la mano, llegaron al hall, donde estaba el chelo que tantas ganas tenía de ver.
-¡Dani, Dani! ¡Mira, el violonchelo del que tanto hablas!
Marina se soltó de la mano de su hermano y corrió hacia la estatua del niño tocando el chelo. Tanto hablar de aquella estatua, que la niña no podía imaginarse que podía ser real... Tenía una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Qué guay, Dani! Pero, ¡mira! ¡Es casi tres veces más grande que yo! -colocó sus dos manos en sus mejillas, con la boca abierta, poniendo cara de, como ella llamaba, "¿en seeeeeerio?"
Dani esbozó una media sonrisa y se acercó a la pequeña para cogerla de la mano otra vez.
-Venga, enana, que te sigo enseñando el conservatorio.
La llevó a la cafetería, donde se quedó sorprendida del colegueo que tenía su hermano con los de allí y con todo el que pasaba; también la llevó al salón de actos, que estaba vacío y Marina aprovechó para corretear entre el patio de butacas y subir y bajar al escenario no sé cuántas veces.
-¡Marina, para! Que como nos pille la conserje, nos cruje... -dijo susurrando.
La pequeña empezó a reírse y se tapó la boca para que no se le escuchara... Estaba preciosa. Esos ojos negros... Podían con él. Se llevaban casi diez años, pero con la sonrisa de ella, él dormía tranquilo. Era feliz viéndola feliz. La quería demasiado. Era su enana.
Siguieron su tour por el conservatorio cogidos de la mano, y todos los que se paraban a saludar a Dani, piropeaban a Marina y a ésta se le sonrojaban las mejillas...  
Plantas y más plantas, pasillos, clases y más clases... Aquello le parecía enorme, y escuchar cada instrumento por cada clase que pasaban a ella le encantaba. Sólo había que fijarse en su mirada, en su sonrisa y en cómo ponía el oído para escuchar la melodía de cada instrumento. A su hermana la gustaba la música tanto como a él, sólo que ella todavía no lo sabía.
Volvieron al hall, y se sentaron en un banco, delante del chelo que tanto le había gustado.
-¿Qué instrumento es ese? -dijo Marina, señalando a un chaval que llevaba el estuche del clarinete en la mano.
-¿El de allí? Un clarinete.
-Pero, ¿un clarinete no es más grande que eso?
Dani sonrió.
-Sí... Pero la mayoría de los instrumentos de viento tienen diferentes partes, se montan y se desmontan. Eso ya lo sabías.
-¡HA-LA! Y, ¿aquel niño de allí?
-¿No sabes qué instrumento es ese? Es un violín. ¿No ves que tiene la forma?
-Es verdad... Y aquella niña toca la guitarra, ¿verdad? Y, ¿aquel de allí? El que está al lado de la puerta.
-Eso es una flauta travesera. Y, mira... El de allí tiene un saxo soprano.
-¿Un saxo soprano? El tuyo entonces... ¿Cuál es?
-El alto. Un saxo soprano es como...
-Y, ¿aquella chica de allí? La morena -cortó su hermana.
Dani dirigió la mirada hacia donde señalaba Marina, y se le paró el corazón por un segundo. La morena se giró, sonrió a Dani, le guiñó un ojo y siguió con su conversación.
-La morena... Lo que lleva en esa funda es el arco del contrabajo.
-Eso es más grande que un violonchelo, ¿no?
No le contestó. No podía dejar de mirar a la contrabajista. Ella no dejaba de echarse el pelo hacia atrás... Y eso lo volvía loco.
-¡Dani! ¿Qué te pasa? ¿La conoces?
Sonrió. Bastante y, sin que la escuchase su hermana, susurró:
-La morena está tan enamorada de mí como yo de ella...

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