Hoy hace justo tres semanas de que llegué aquí. Tres semanas, veintiún días, lo que dicen los psicólogos que tardas en habituarte a algo, ¿no?
Pues bueno, sí pero no. Ese miedo de coger un autobús o tranvía y tardar más de 10 minutos en él creo que ya lo he perdido. Google maps es muy buen amigo, y Jakdojade también empieza a serlo. Las monedas y los billetes diría que los controlo. Empiezo también a interiorizar que en el Biedronka los precios están arriba y no abajo (que no quiere decir que entienda lo que pone). Lo de intentar entender y traducir cosas que leo y escucho también he dejado de hacerlo y asumo que no voy a entender nada (es inútil, no sé en qué pensaba). Escuchar polaco, inglés y español por las calles del centro tampoco me parece raro. La luz por las mañanas empieza a dejar de molestarme. Así que sí, a todo eso me he acostumbrado en veintiún días. Incluso a lo de que la coordinadora sea un desastre.
Pero no me he acostumbrado a todo. Necesito más veintiún días para asumir que la vecina no me deja tocar en el piso, que en el conservatorio casi nunca hay aulas (o al menos todavía no conozco las horas estratégicas) y que la única solución (por ahora) es tocar en los pasillos con 5 instrumentos de tu misma familia o no a tu lado, mientras la gente entra y sale de clase. Y sí, está permitido.
Tampoco me acostumbro todavía a que los profesores tengan vida musical fuera del conservatorio y se comprometan para recuperar esa clase fuera del horario lectivo. De hecho, hoy sábado he tenido clase de flauta a las 11 de la mañana. Y ni tan mal.
Lo de que me salgan los anuncios en polaco en Youtube no deja de sorprenderme, ni el tiempazo que está haciendo tan increíble (espero que en invierno nieve, que yo sólo he venido para eso), ni lo de hablar itañolish en el piso (así lo hemos bautizado).
Justo de camino a esa clase de flauta (que no ha sido en el conservatorio), me he encontrado con este parquecito verde, que he tenido que atravesarlo para volver a coger el autobús. De película. Las hojas crujían al caminar y otras se caían de los árboles suavemente. Esto sí es otoño de verdad. Me ha faltado un puesto de castañas al otro lado de la esquina.
La otra foto la he hecho hoy desde una torre que no sé cómo se llama y que está al lado de la plaza principal del casco antiguo. Esa calle es justo lo que se ve desde la plaza (sólo que en este caso la foto está hecha desde más arriba) y es una avenida enorme, que si andas un ratito estás en el conservatorio. Hay "tanta" gente porque según me ha chivado Google, hoy hace 100 años de que Polonia volvió al mapa después de 123 años sin existir prácticamente (aunque tengo una asignatura que se llama cultura polaca que me hace spoilers), y con el tiempazo que ha hecho, la gente ha salido a la calle y está todo lleno de escenarios con música, puestos y espectáculos por la calle. Estos polacos homenajean y recuerdan todo todo el rato. Supongo que tienen demasiado que recordar, y Varsovia aún más, unfortunately.
PD: Algo a lo que realmente no me acostumbro es a decir QUE VOY A LA UNIVERSIDAD.
13/10/2018
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