Tengo una MUY BUENA noticia. Llevamos un mes maravilloso. Llevamos un mes en el que puedo contar con los dedos de una mano cuántos días hemos estado por debajo de los cero. El invierno se está acabando (aunque todavía quede un mes). La primavera está llegando. La luz dura hasta las cinco y media de la tarde. QUÉ FELICIDAD MÁS GRANDE. Lo rollo es que ahora en vez de nevar, llueve todo el rato, y aunque la nieve es muy guarra, también era más bonita. Acabo de caer que a saber cuándo es la próxima vez que veo nevar así. Me ha dado incluso un poco de pena, como si en el fondo no tuviera que alegrarme tanto de que ya no nieve. Y no es eso, me alegro de que no haga frío, no de que no nieve. Creo que lo que me pasa es que me gusta demasiado la naturaleza, y estos paisajes que solo se ven en determinadas zonas del mundo.
Todo esto es muy bonito, sí. Más sol y menos nieve. Los polaquitos me cuentan que hace unos años los inviernos eran más fríos, que lo de ahora es rarísimo. El cambio climático, you know, es real (y en Málaga también lo estáis notando).
Aparte de eso, la vida por aquí está siendo tranquila, como a mí me gusta. Estuve en Bélgica con las personas que debía. Éramos cinco y cada uno venía de una ciudad europea distinta (Zaragoza cuenta, no? más el anfitrión residente en Bruselas). Sin darnos cuenta, nos vimos 5 días comiendo y riendo como nunca, más conectados que nunca, por estar viviendo experiencias tan parecidas aunque en ciudades distintas. De repente, la sensación de turismo con la que íbamos empezó a transformarse en sensación de casa rural. Cinco muy buenos amigos en la capital de Europa de casa rural, cenando dos veces y hablando de gilipolleces hasta las tres de la mañana (por no hablar de la fiesta en el auditorio barroco del conservatorio de Bruselas, sí, como lees). Para no quedarnos sólo con la sensación de casa rural, obviamente aprovechamos para ir a Brujas y a Gante, y sí, son de cuento, ambas, preciosas, no sabría con cuál quedarme. Aunque si nos ponemos a hablar de pros y contras, el guía que nos hizo el free tour, aparte de aprovechar su pequeña influencia para hablar del feminismo y de los derechos de las personas en general, nos recomendó visitar una iglesia "que tenía un columpio". Nos quedamos un poco con cara de "qué dice este chalao?". La curiosidad nos pudo y, efectivamente, una iglesia (en la que no hay misa, obviamente) cuya atracción principal es un columpio súper chulo. Por supuestísimo, hay que destacar el chocolate belga, ese bombón enano y caro que nos hizo ver el cielo, pero también los espaguetis carbonara y la tortilla de patatas que tanto echamos de menos.
Por si fuera poco, a la vuelta aterricé en Varsovia, pero a los dos días nos plantamos en Cracovia, para guirear. Sé que con lo que voy a decir, muchos se me echarán encima, pero allá voy: no es pa tanto. Lo digo desde la opinión de una persona que le está cogiendo mucho cariño a Varsovia y que nada más le hacen decir que Cracovia es increíble y preciosa y blablablabla. Me pusieron las expectativas tan altas que sólo me pareció bonita. Eso sí, más barata que Varsovia y con más gente que habla el inglés.
Después de prácticamente 10 días de viaje, caí con fiebre. Mientras tanto, mis dos compañeras de piso italianas hacían las maletas y volvían a la bella Italia. Drama. Dos personas nuevas venían a instalarse en lo que ya es MI casa. Otros dos italianos. Italia quiere decirme algo y no me estoy enterando. O más bien, Italia quiere seguir estando presente en las vidas de la familia Peláez Hidalgo de una manera o de otra.
Yyyyyy ya son más de las doce y voy a pasar el cumpleaños más raro de mi vida. Tan lejos de casa, pero con una experiencia tan única, que jamás volveré a tener. El año que estuve de Erasmus en Polonia.
Esto va muy rápido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario