Cuando llegué a Varsovia no tenía idea de nada. De la ciudad, quiero decir. Sólo sabía que Chopin y que música y frío. Me refiero a la historia. Nunca he sido amiga de la asignatura de historia en el instituto. No sé si por desinterés, por aburrimiento, por la pedagogía... El caso es que llegué y placas por la calle, monumentos, flores, velas... Como que algo pasaba y yo no lo sabía. Sinceramente, lo único que recuerdo que me contaron en el instituto de la segunda guerra mundial fue que "mató a mucha gente pero la primera fue más importante". Eso dijo aquel profesor de turno. Algunos me entenderéis. Pero yo en aquel momento no lo entendí. Puede que ahora lo entienda mejor, pero me faltan detalles por desinformación.
En cuanto hice el primer free tour con aquel polaco que se definió como “medio polaco medio granaino” y empecé a escuchar palabras como guerra, guetto, levantamieto, rebelión, muros… Me pregunté que qué era eso que me estaban contando tan importante para ellos que a mi cabeza no había llegado. Igual es la historia de la ciudad y no va más allá, pensé. Claro que es la historia de la ciudad, pero claro que va más allá. Seguí haciendo free tours y me apunté a la asignatura de cultura polaca, y de repente, todo lo que para mí me parecía la historia de la ciudad sin más, cobró sentido. Y entendí todas esas placas, monumentos, flores y velas que vi el primer día. Entendí también que en bachillerato no me enteré de nada. Quizá si me lo hubieran contado de otra forma, hubiera sabido a qué ciudad me estaba mudando, o a qué país. Yo qué sé, llamadme inculta o lo que queráis, pero mi cabeza no ha retenido lo que pasó en primero de bachillerato y tampoco me molesté después en saber si lo que estudié ese año era útil o no. Fue así y punto.

Recuerdo que en uno de los free tours, vimos una fachada destrozada. Que Varsovia había sido bombardeada por los alemanes en 1944 y de vez en cuando, en 2019, te puedes encontrar todavía por la calle algún edificio que sobrevivió. Me acuerdo que ese día aluciné con aquella fachada. Me acuerdo acercarme a ella y ver agujeros de balas en ella (o eso parecían). Entonces entendí muchas cosas al ver esa fachada. Me sentí como en un escenario muy bien montado de una película. ¿Cómo podían ser esas cosas reales? Pero no era ficción. Aunque he de decir que eso no fue nada comparado con la visita a Auschwitz.

Debéis saber que nunca he sido amiga de la historia, pero que la orientación nunca ha sido una de mis grandes habilidades. Nunca supe volver sola a esa fachada por mi propio pie. El día que lo intenté me perdí, se me rompió el móvil y me agobié y no quise volver a intentarlo. Fue hace una semana o así cuando conseguí volver y verla con más detenimiento. Con el símbolo este que hacían de Polonia en guerra. Conseguí volver porque cuando vino Grego, él se acordaba de dónde estaba y me indicó el camino. Sí, estuvo 10 días aquí y se acordaba perfectamente y yo mientras dando vueltas y perdiéndome como una tonta durante meses.
Me tiré muchos meses paseando por las calles de Varsovia, descubriendo los pocos edificios que sobrevivieron y quedándome embobada mirándolos. Era como viajar a otra época. Me gusta mirarlos y pensar cómo era la ciudad en aquel momento. Algunos están “escondidos”, otros no, y otros están al lado de edificios súper nuevos y súper modernos, donde el contraste es aún mayor.
Yo en realidad venía a hablar del muro del guetto judío (se me ha alargado un poco la cosa, lo sé). Los alemanes se cargaron la ciudad. El ochenta y tantos por ciento de la ciudad. Prácticamente nada. Destruida. No sé si conocéis la historia del guetto judío de Varsovia. Yo la conocí aquí, por eso de que en el instituto no me enteraba de nada y demás. Creo también que es la mejor manera de aprender historia y cualquier materia, viéndola con tus propios ojos. Me acuerdo del tour judío. El que más me impresionó, el que hablaba del guetto, el grande y el pequeño, y aquel “pasillo” que los unía. Si no conocéis la historia del guetto judío de Varsovia, “El pianista” la cuenta increíblemente bien. La he visto viviendo aquí y he alucinado.
Lo que iba diciendo: la ciudad desapareció, incluido ese guetto y esos muros que lo rodeaban. Un día, investigando la ciudad desde el sofá de mi piso a través de Google Maps, vi que me señalaba un punto que decía algo de muro y guetto (estaba en polaco). Le di y abrí las imágenes. En mi cabeza sonó un “hostia, tío”. Resulta que un pequeño trocito de aquel muro que separaba los marginados del momento de los no marginados, sobrevivió. Un trocito. Me tiré días y semanas pensando en ir, pero nunca me venía bien. Según decía google, estaba como dentro de una urbanización o algo así y tenía horas de visita. Al final, fui hace poco con mis dos malagueños por Polonia que venían de Cracovia a la embajada. Tenían poco tiempo porque su tren se iba en media hora, pero nos acercamos. Gracias a las reseñas de google, pudimos llegar, porque está escondido. Tuvimos que entrar en un portal, que entramos de chorra porque una señora mayor que andaba muy despacito estaba entrando en él. Decidimos sujetarle la puerta y ya de paso, pues entrar. Yo no sabía cómo de bien estaba eso, pero la señora nos vio y no nos dijo nada. La señora, si no recuerdo mal, era bastante mayor e iba con andador, por eso lo de que andaba muy lento, pero muchísimo. Entonces, cruzamos el portal y nos encontramos con un patio. Y allí estaba. Un trocito del muro del guetto. Con el mismo aspecto que esos edificios que me encuentro a veces por la calle, del mismo color, con el borde de arriba un poco derruido, y con una parte llena de piedras (los judíos en vez de poner flores y velas, ponen piedras, Polonia enseña y divierte). Uno de mis amigos se quedó sujetando la puerta un momento para no quedarnos encerrados, y nosotras nos acercamos a verlo de cerca. La señora se sentó en el patio. Parecía cansada. Visto lo visto, parecía que aquel trocito que había hecho andando desde el portal hasta el banco del patio (¿4 metros?) le había robado mucho oxígeno y necesitaba sentarse. Se quedó observando cómo nosotros observábamos aquel muro. Pensé que con la edad que parecía que tenía, igual tenía historias que contar sobre aquello, si no suyas, de sus padres. Al principio me dije “seguro que está pensando que vaya niñatos metiéndose en portales ajenos para ver el muro, seguro que están hartos”. O no. No nos dijo nada. Igual la señora pensaba justamente lo contrario. Igual pensó que menos mal que las nuevas generaciones se interesan por saber lo que pasó, o yo qué sé, a saber.

Salimos de aquel patio y de aquel portal y fuimos directos a ver el otro lado del muro, que tuvimos que llamar al timbre y nos abrieron sin preguntar, parecía un local de algo. En ese lado del muro, observamos cosas diferentes. Había un mapita del guetto que nos indicaba que estábamos fuera de él. Seguimos observando sus ladrillos (porque son ladrillos con cemento que se cae a trozos, objetivamente es lo que se ve) y descubrimos que había muchos que estaban sellados con un “10/1”. Si alguien sabe lo que es que me lo diga, porque estaba por todo el muro. También me di cuenta que delante del muro había dos bancos para sentarse. Lo que quiere decir que por muy escondido que esté, la gente lo busca y se sienta a observarlo. Me gustaría saber cuántos locales y cuántos turistas se sientan ahí y qué le transmite a cada uno.
Aunque he de reconocer que la primera impresión fue una decepción (me lo esperaba muchísimo más alto y más “de película”, supongo), me encantó visitarlo. Sabía que Varsovia me aportaría muchísimas cosas, pero jamás pensé que haría que mostrara interés en la historia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario