-Prima,
prima, ¿por qué estás triste?
Me
agaché para estar a su misma altura.
-Yo
no estoy triste.
-Sí
que estás triste. Has llorado.
Me
tocó la mejilla con el dedo índice.
-¿Ves?
Me he mojado el dedo. Has llorado -insistió.
-Pero,
¡eso no es de llorar! Tenía calor y he ido al baño a lavarme la
cara. Eso es todo.
-A
mí no me engañas.
Sonreí.
Me cogió de la mano y me llevó hasta su cama, donde me obligó a
sentarme.
-Prima,
yo sé por qué estás triste.
-Ah,
¿sí? Te escucho.
-Papá
me ha dicho que mi hermana sólo tiene una gripe, pero lleva muchos
días en el hospital. Y cuando tienes gripe, te quedas en tu cama
calentito unos días, esperando a que te recuperes.
Lo
miré, esperando a que continuara.
-Lo
que quiero decir, prima, es que soy más listo de lo que pensáis.
Papá y mamá no me dejan ver a Elena y la última vez que la vi
estaba muy delgadita. Cada día que llegan del hospital, escucho cómo
mamá se pone a llorar y papá la tiene que consolar. Además, tú
nunca lloras, y si has llorado es porque pasa algo y no me lo queréis
contar.
El
pequeño llevaba mucho tiempo callado, aunque atento. Efectivamente,
era más listo de lo que todos nosotros pensábamos.
-Yo
también quiero saber lo que pasa, ¡soy su hermanito!
Suspiré.
Sus padres me habían dicho que retrasase el momento de contarle lo
que pasaba, pero que cuando éste llegase, lo hiciese. Y ya era hora
de hacerlo.
-A
ver, Dani... Dices que la última vez que la viste estaba muy
delgada, ¿no?
-Aham
-asintió-. Comía muy poco, incluso menos que yo.
-Pues
por comer tan poquito, se ha puesto enferma y la han tenido que
llevar al hospital.
-Y,
¿ahora come más?
-Ese
es el problema, Dani... Que no come nada.
-¿Nada?
-preguntó, con los ojos muy abiertos.
-Nada.
-Pero,
prima, si una persona no come nada... -se quedó callado al ver que
mis mejillas volvían a estar empapadas-. ¿Se va a morir?
A
estas alturas, toda la familia ya sabíamos la respuesta.
Cuando
Dani se dio cuenta de que no iba a responder, se me echó a los
hombros y me abrazó.
-No
llores... -de repente, se separó del abrazo, y me cogió de los
hombros, zarandeándome-. Pero, ¿sabes qué pienso, prima? Que
cuando una persona se muere, nunca despierta y duerme para siempre.
¡Y a Elena le encanta dormir!
Consiguió
mi sonrisa.
-Tienes
razón. ¡Y a dormir ya, que es muy tarde!
Dani
bostezó, y se metió en la cama.
-Buenas
noches, prima.
-Buenas
noches, Dani.
Y
antes de cerrar los ojitos, dijo:
-Al
menos nosotros todavía podemos despertarnos...
(FEBRERO 2012)
Oh dios, oh dios, qué preciosidad *-* Me encanta Clara, me encanta
ResponderEliminarOh, muchas graciaaas *-* Este es de los muchos relatos trágicos que tengo escritos... Soy muy trágica, no sé escribir cosas felices.
Eliminar