Todo empezó un bonito 5 de marzo de 1996. Martes, si no recuerdo mal me lo han chivado. Aunque, para otros más bien otra, un bonito 6 de julio de 1995.
Yo hablaré desde aquel bonito 5 de marzo, porque del 6 de julio de 1995 creo que es más que imposible recordar algo.
Total, que llego al mundo a eso de la hora de comer (muy oportuna, lo sé) y todo guay: lloro, como, duermo, vienen a verme... Eso que hacen los recién nacidos en sus primeras horas/días de vida. Y va uno, y nace el mismo día que yo.
Mi vida sigue (o más bien comienza): nazco, crezco, me repr.... Ah, no, eso no. Pero sí que llego al cole, hago amigos, aprendo a leer, me entero de que me encanta, también aprendo a hacer cuentas con numeritos, y también me entero de que no me gusta nada... Entre una cosa y otra, llego al instituto (acojonada, como todos los de primerillo) y vuelvo a hacer amigos. Porque los que hice en el colegio, por desgracia, se quedaron en el colegio...
Amigos. Esa palabra que la gente utiliza a la ligera. Esa gente que le llama "amigo" al que le ha dicho dos tonterías y media.
No. Una amiga es aquella persona con el pelo rizado, gafas y una obsesión enorme hacia una saga Crepúsculo. Y un amigo es aquella persona con gorra, cachondeo y una obsesión enorme hacia la Música.
Y los conoces.
Una de esas amistades (me acuerdo perfectamente) empezó cuando se iba a estrenar Crepúsculo en el cine. Ahora odio bastante a los vampiros, pero he de decir que me vinieron muy bien. Me presentaron a aquella persona en mitad de un pasillo del instituto y, si no recuerdo mal, soltó un "qué mona" o algo parecido... Total, que fuimos al cine, blabla, y lo conseguí. Dejó de ser muggle para convertirse en admiradora de Harry, Ron y Hermione.
Pasan los años, y se convierte en una de tus mejores amigas. Y qué menos para demostrarlo que intercambiarnos unas Reliquias y un Sinsajo.
Llega un día en el que, cuando tu mejor amiga YA es tu mejor amiga, te cruzas en un intercambio a Alemania con aquel que nació el mismo día que tú. Y la primera vez que te habla, te suelta no sé cuántos compositores de clarinete y os enteráis de que tenéis un conocido (o más bien tío/amigo de la familia) en común. Pero no, aquí no empieza la amistad. Empieza cuando se te pasa por la cabeza meterte en una banda, y entre este conocido y el de la gorra, terminas en Las Golondrinas y lo conoces. Y parace que os conocéis de toda la vida.
Pasan los meses, y se convierte en uno de tus mejores amigos. Y qué menos para demostrarlo que intercambiarnos una guitarrita italiana y unas clases de clarinete (este no me ha rimado...).
Y me planto en mis 16, en primero de bachillerato, con dos pedazos de amigos que, entre tontería y tontería, se convierten en mi primo y en mi abuela y ya como que forman parte de mi familia.
Y me da por reflexionar sobre estas amistades, y llego a la conclusión de que el destino se empeñó en que tenía que encontrarme con ellos. Y no paró hasta que así fue.
El que me conozca un poco, sabe que no hay nada que me encante más que una amistad de las buenas, seguido de un abrazo de una amistad de las buenas.
Porque sin nuestros mejores amigos, nos quedaríamos en la mitad de la mitad de lo que somos.
Que os quiero un montón. He dicho.
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