jueves, 27 de septiembre de 2012

Vuelve a sonreír

Verano. El sol apenas quemaba, y el viento agitaba su cabello rubio. La playa estaba desierta.
-Dime por qué estás buscando una lágrima en la arena -dijo alguien a su lado.
Casi desierta.
-Acabo de darme cuenta de que no está bien llorar por estupideces... Y quiero encontrar la lágrima que ha salido de mi ojo para tirarla al mar y dejarla vivir libremente.
-Es una lágrima, no un pececillo que acabas de pescar.
-Ya, pero... -levantó la cabeza, y se encontró con unos ojos verdes.
-Sshh. Deja de meter la mano en la arena y mira al mar -se sentó a su lado.
Lo hizo. Miró las olas. Una detrás de otra, al mismo tiempo, el mismo sonido, siempre lo mismo...
-¿No hay nada que cambie en sus vidas? -preguntó ella de pronto.
-No, las olas siempre hacen lo mismo -dijo mientras observaba una pequeña ola que rompía en la orilla-. Esa, por ejemplo, son de las tímidas.
-¿Tímidas?
-Sí, las que no dicen nada por miedo a hacer el ridículo... y cosas así.
- Yo prefiero escucharlas -se encogió de hombros-. Y, ¿hay más tipos de olas?
-Claro -dijo sonriendo, señaló una que no era ni grande ni pequeña-. Esa es de las normales. Siempre hacen lo mismo.
-Todas las olas hacen lo mismo. El proceso que hay desde el principio hasta el final es siempre el mismo.
-Sí, el proceso es siempre el mismo, pero dependiendo de la ola, rompen en la orilla como quieren... -miró muy atento las olas-. A mí las que me gustan son las que rompen a lo grande, las que tienen amigos de verdad, las que quieren comerse el mundo, vivir el presente y no preocuparse de las que vienen detrás suya... Hakuna Matata, ya lo decían Timón y Pumba.
-¿Y esas cuáles son?
Se levantó de la arena, se quitó la camiseta y corrió a tirarse al agua cuando una enorme ola venía.
Y desde el agua gritó:
-¡Estas son las que a mí me gustan!
La chica sonrió, se levantó y fue hacia la orilla hasta mojarse los pies, y él, empapado, salió del agua y la abrazó.
-Soy Nacho.
Se separaron del abrazo, y se quedaron cogidos de las manos.
-Dana -sonrió.
Dana se soltó de las manos, y fue hacia donde tenía su mochila y la toalla. Rebuscó en su mochila, sacó la libretilla que siempre llevaba encima y arrancó una hoja. Volvió a buscar en uno de los bolsillos de esta y cogió un boli. Empezó a escribir algo en la hoja. Cuando terminó de escribir la dejó al lado de la camiseta de Nacho.
-¡Ya nos veremos! -gritó, y se fue.
Nacho corrió como pudo por la arena hasta llegar a su camiseta, cogió el papelito, y escrito con una letra muy bonita, leyó:

Antes era una ola tímida, pero ahora soy una ola grande; me quiero comer el mundo, vivir el presente, no preocuparme por tonterías, y por supuesto... Tener amigos de verdad. Habrá sido el destino, pero, Nacho, me has caído muy bien, y tienes unas teorías de loco que me encantan. Has encontrado una amiga. Y yo espero haber encontrado otro.
PD: Tienes una voz muy bonita.
                                                                                   Dana.

Cuando terminó de leer, vio un número de teléfono. Sonrió.
Levantó la cabeza, vio una figura a lo lejos, y supo que era ella.
-¡Sí! ¡Lo has encontrado! -gritó. Ella levantó una mano en señal de que lo había escuchado.
Exactamente lo que quería. Una amiga en la que poder confiar.
Se tumbó en la arena, y cerró los ojos. Escucharlas también estaba genial.


(ABRIL 2010)

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